martes, 3 de junio de 2014

One does not simply walk into mordor

 

7 de la mañana del domingo suena la alarma de mi celular. Nuestra habitacion en el hostel Urban de Taupo cobra vida, es hora de moverse.

El recorrido a través del volcán dura supuestamente unas 8 horas, así que nos ponemos toda nuestra ropa de abrigo (la mayor parte a estrenar) y salimos a buscar un lugar para desayunar. Yo me dejo seducir por el imperialismo y me pido en McDonald's un desayuno ligero.

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Terminamos de desayunar y nos reunimos de vuelta en el hostel, cargamos todos nuestros bolsos en el auto y nos despedimos del hostel quizás para siempre. Las nubes están tan bajas que tocan el suelo, la visibilidad es casi cero. Mordor nos espera.

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Manejamos cerca de una hora hasta el volcán, en el camino el clima y los paisajes van cambiando, los bosques de coníferas montados en colinas verdes flanquean el camino.

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Aunque el cuerpo me pide dormir un poco mas, me resisto solo para poder apreciar otro paisaje hermoso de Nueva Zelanda. Por nada del mundo me voy a dormir

 

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Nuestros planes de empezar el recorrido a las 9 de la mañana duraron poco, son casi las 10 y media cuando empezamos a subir. El primer tramo nos lleva a través de un bosque denso y muy verde, por suerte el Gobierno neozelandés aprovecho nuestros impuestos para hacer un camino impecable con tablas de madera. Se agradece mucho porque pronto la subida se vuelve empinada y empieza a exigir a nuestro estado físico. La vista, como siempre, compensa cualquier esfuerzo.

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La subida continua y el paisaje se vuelve un poco mas árido, hacia arriba se divisan las primeras chimeneas volcánicas echando humo blanco hacia el cielo. Esta es una zona volcánica activa, que entro en erupción por ultima vez en el año 2012.

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La subida es larga y hay que parar a descansar cada tanto, no todos podemos subir al mismo ritmo y pronto el grupo se separa, Mati y yo nos alternamos la delantera seguidos de cerca por tomy. Cristhian y Angie vienen bastante mas atrás y por largos tramos los perdemos de vista.

Quizás lo mas satisfactorio de subir una montaña es darse vuelta y ver cuanto hemos subido, nada mejor para darse ánimos para seguir subiendo.

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A las cuatro horas de haber comenzado llegamos al refugio de montaña, ahí se encuentran descansando personas de todo el mundo, aunque sorprendentemente ningún latino y muchos alemanes.

Después de comer algo (fruta mas que nada) nos ponemos a conversar con los demás viajeros y nos damos cuenta de que algo anda mal. Nos enteramos de que estamos yendo en la dirección equivocada: empezamos el recorrido por el final y estamos haciéndolo de la manera mas difícil. La peor parte es que no tenemos como volver a nuestro auto cuando terminemos el recorrido a menos que lleguemos antes de las 6 de la tarde (cuando pasa el ultimo bus). Así que nos despedimos de nuestros amigos arios y apuramos la marcha, todavía falta mucho y el camino sigue subiendo.

Seguimos subiendo y todos los grupos van en la dirección contraria, hacia arriba se ven algunas cimas nevadas que hacen el paisaje aun mas imponente. Aunque estamos apurados es inevitable parar a sacar algunas fotos.

 

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Llegamos a la que es quizás la parte mas atractiva del recorrido, un sistema de lagos de color azul furioso rodeado por las laderas nevadas. Sacamos unas cuantas fotos y seguimos camino sintiéndonos culpables de no poder disfrutarlo por mas tiempo por no haber empezado antes el recorrido.

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Estamos ahora a mitad de camino, parece imposible que lleguemos a tomar el bus que nos lleve hasta nuestro auto. A lo lejos se ve un grupo de personas caminando en dirección contraria (la correcta), son 5 igual que nosotros, son argentinos igual que nosotros, no van a llegar a tiempo a su auto igual que nosotros. En un momento de lucidez decidimos intercambiar las llaves de nuestros autos y encontrarnos al final del recorrido para recuperar cada uno el suyo. Un golpe de suerte mas una idea genial salvan el día.

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Mucho mas aliviados retomamos la marcha, todavía falta mucho y el camino es cuesta arriba. Una pendiente muy empinada de tierra suelta que era muy complicada de bajar nosotros tuvimos que subirla (por ir a contramano). Pusimos a prueba nuestra resistencia y voluntad y todos llegamos a la cima humeante. La vista siempre hace que todo valga la pena.

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La sensación de estar en un lugar así es algo indescriptible, el juego de luces y sombras, nieve y tierra forman un paisaje inolvidable que hace que uno se sienta diminuto, privilegiado de verlo y sentirlo. No soy un fan de las fotos panorámicas pero es lo mas fidedigno que pude conseguir.

 

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A partir de ahora es todo cuesta abajo, un alivio para nuestras piernas cansadas aunque algunas bajadas son muy resbaladizas por la nieve y nos obligan a recurrir al “culopatin a pelo” inventado por cristhian y yo.

Volvemos a separarnos involuntariamente, mati y yo venimos mucho mas adelante que el resto. Caminando por un sendero que cruza el centro de una planicie inmensa y cada vez mas oscura hablamos de toda clase de cosas. Que nos trajo hasta acá? Que nos puede hacer volver? Se puede vivir viajando?

Las preguntas existenciales hacen muy llevadera una caminata que parece eterna. Finalmente llegamos al Car Park, encontramos el auto del otro grupo y manejamos hasta la otra salida del Volcán donde volvemos a intercambiar llaves y recuperamos nuestro Ford Mondeo.

El viaje fue todo un éxito, habíamos conocido los dos extremos de la travesía del señor de los anillos en solo dos días (Frodo LTA).

Es hora de volver a Mount Maunganui, mañana hay que ir a trabajar aunque cristhian y yo vamos a faltar, vamos a ir a la librería a ver a River convertirse en campeón una vez mas.

 

One Ring to rule them all, One Ring to find them,
One Ring to bring them all and in the darkness bind them
In the Land of Mordor where the Shadows lie.”

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