sábado, 20 de junio de 2015

Gisborne

Una tarde soleada de diciembre en Nelson, nos escapamos un rato del hostel Paradiso para ir a tomar unos mates a un parque cercano. Ya íbamos por el tercer termo cuando salio el tema de que hacer después de fin de año. Ninguno de nosotros tenia un plan y el comienzo del 2015 nos deparaba un destino incierto. Hasta que nuestro amigo Hernán (la persona que mas sabe de Nueva Zelanda en el mundo) empieza a hablar de una ciudad misteriosa donde no mucho sucede pero donde no faltan las playas y el trabajo. Nos habla de la posibilidad de un trabajo muy relajado en los campos de Maíz ocultos entre las montañas bajo la supervisión de Maories, el pueblo originario de Nueva Zelanda.
Compramos.

Esa ciudad es Gisborne, y aquí estamos. El primer amanecer del año nos ilumina y mientras la gran mayoría de los asistentes al Festival Rhythm and Vines abandona la ciudad que vuelve a su tranquilidad habitual nosotros nos mudamos a una linda casita en el 74 de McDonals Street que los chicos consiguieron de un cartel en el supermercado.



Componen la alineación de la casa mis amigos Mati, Marcos y Cristhian, Caro y Gasti representando al Uruguay y nuestras tres amigas Emily, Emily y Maggie representando a los Estados Unidos. Mas adelante se sumaria Ana, argentina que hace años vive en Ibiza.

Gracias a un contacto que nos paso Hernán a los dos días empezamos a trabajar para "Corson", una empresa que se dedica a hacer reproducción selectiva de plantas de Maíz, y exporta las semillas a Europa y Estados Unidos. Nuestro trabajo se llama "De-Tesseling" y consiste en caminar entre las lineas de plantas hembra y arrancarle la flor que tienen en la punta para evitar que se reproduzcan entre si (son medio lesbianas).


Todos los días a las siete de la mañana nos encontramos en la puerta de la "Makaraka School" con Dion (nuestro supervisor, un Maorí enorme con cara de malo y humor infantil) al cual todos siguen con sus autos en caravana hasta los campos de maíz, muchos de estos escondidos entre montañas escondidas y valles dorados. Una vez llegados, durante unas ocho horas, mis amigos y yo caminamos bajo el ardiente sol de Enero arrancándole las flores a las pobres plantas lesbianas.



Admito que suena como un trabajo duro y quizás poco deseable, pero la realidad es que el De-Tesseling fue uno de los mejores (quizás el mejor) de los trabajos que tuve en Nueva Zelanda.
¿Por qué? Las flores se arrancan mooooi fácil (casi sin esfuerzo) y después viene el checking (básicamente caminar varias veces por el mismo campo chequeando que no te hayas olvidado ninguna).
Después de no mas de dos horas de trabajo, cuando a nuestros jefes se les ocurre todos volvemos a nuestros autos, y tomamos largos descansos bajo la sombra de cuanto arbolito encontremos. La duración de estos descansos (que en cualquier otro trabajo duran exactamente 15 minutos) depende pura y exclusivamente de las ganas de trabajar que tenga la patronal. Ganas que suelen decaer a lo largo del día y a lo largo de la semana. Hemos disfrutado aveces de siestas de mas de una hora y almuerzos de mas de dos acariciados por la brisa bajo la sombra de un árbol.




Situaciones insólitas se han dado cuando los jefes de nuestros jefes aparecían y para que no salte la ficha de que estábamos estirando el trabajo cuando había poco nos han llegado a pedir que nos escondamos entre las plantas o incluso que caminemos en reversa cuando no miraban para asegurarnos de no terminar nunca.
La poca seriedad del trabajo y el placer de trabajar al aire libre con amigos han convertido mi primer trabajo en el campo en una experiencia mas que llevadera. 
El único punto negativo, el asedio del sol de verano, lo combatimos utilizando la técnica de "El Ninja" cubriendo cara y cuello con una remera cualquiera.




Mas allá del trabajo poco sucede en Gisborne, la mayoría de los días nos dedicamos simplemente a disfrutar de los días largos de verano en la puerta de nuestra casa, o viendo una película, o admirando en la playa alguno de los espectaculares atardeceres Gisborneanos.
Quiero transmitir lo que sentía en Gisborne pero me es difícil de explicar, una sensación de liviandad y juventud compartida con todos los miembros de nuestra casa multicultural. Quizás sea el privilegio de tener a todos mis amigos mas cercanos viviendo y trabajando conmigo. Quizás simplemente sea un engaño de las noches de verano.
Pero nunca olvidaré una noche en la que entre copas nos preparábamos para salir, todos bañaditos y perfumados, riéndonos de nada un poco en español y un poco en ingles. Recuerdo haber captado en ese momento, 10 viajeros llenos de vida, de juventud y de risas que por un tiempo coincidieron en tiempo y lugar.
Nunca olvidaré a Gisborne, sus noches de verano, sus días de maiz, y sus atardeceres de cielos en llamas.