viernes, 31 de octubre de 2014

Road Tripping

Parece mentira que después de meses estemos metiendo todos nuestros días en Christchurch en bolsos, subiéndolos a nuestro auto y saliendo a la ruta. Nos despedimos de nuestros compañeros de casa la noche anterior con pizza de pizza hut y unas cervezas. Todos aportaron algo para enriquecer nuestros días.





Marcos es el único que esta con nosotros al momento de la partida, problemas de papeles con la visa lo bajaron a ultimo momento del viaje que habíamos planeado los cuatro juntos, es triste que no pueda venir con nosotros pero lo obligamos a prometernos que se va a sumar tan pronto solucione su papelerio.


Poco después nos alejamos a 100 kilómetros por hora de Christchurch que nos dice "te vas porque yo quiero que te vayas" con una tormenta de la que escapamos por minutos. La baja de Marcos me deja como único conductor y estaré al volante los siguientes 361 kilómetros con una parada para         tomar un cafecito en McDonalds en el medio.


Es inexplicable lo que se siente viajar en ruta, la sensación de incertidumbre de no saber que va a pasar se combina con la certeza de estar cada vez mas cerca, yendo inexorablemente hacia adelante, absorbiendo lo hermoso que esta al borde del camino, pueblos pintorescos y paisajes dignos de tener de fondo de pantalla a la vez que nuestros ojos se clavan en un destino que todavía no esta ni cerca de aparecer en el horizonte. Todo cobra otro sentido, la risa sale fácil y cada canción que suena en el estereo de repente parece referirse a nosotros, Flotamos sobre el asfalto con no pasarme del limite de velocidad para que no me pare la popo como única preocupación.

Cerca de las seis de la tarde aparece delante nuestro nuestro primer destino, la ciudad de Dunedin.
Ciudad antigua pero joven, combina edificios de la época victoriana perfectamente conservados con multitud de estudiantes atraídos por sus varias y muy buenas universidades.
Dunedin nos encanta a los tres desde un principio, dejamos nuestros bolsos en el hostel Central Backpackers y preparamos nuestros disfraces para esta noche (llegamos para la noche de halloween por una casualidad mas que sospechosa).
Mi plan era disfrazarme de Sheriff, tengo mi revolver enfundado, mis esposas, mis patillas falsas y mis lentes oscuros, pero me doy cuenta horrorizado de que me olvide el sobrero de sheriff en Christchurch. Y que es un Sheriff sin su sombrero? un chiste, eso es.
Salgo disparado por la puerta del hostel en busca de un lugar donde comprar uno, recorro la ciudad entera en dos horas, varios bazares chinos, el K-Mart, el Warehouse. No hay suerte, hoy en la noche Dunediana habrá un Sheriff sin su sombrero, un Sheriff que empezó el día con el pie izquierdo.



Dejando el sombrero de lado la pasamos bomba en varios barcitos de la plaza central de Dunedin, disfrutando de la juventud de esta ciudad vieja. Gente disfrazada por todos lados, todos pasandola bien, todos en mayor o menor estado de ebriedad es una receta para una noche mas que agradable.



Las sabanas del hostel son muy cómodas,... no tengo mas tiempo para escribir... Lucas out.


jueves, 30 de octubre de 2014

Cuando pase el temblor




Estas son las horas finales, cristhian y yo renunciamos a nuestro trabajo, Mati hizo lo propio con el suyo. Hace cuatro eternos meses un avión nos traía desde el aeropuerto de Auckland hasta la ciudad de Christchurch, desde donde escribo estas lineas. Todos llegamos con expectativas diferentes todos libramos nuestra propia batalla personal contra esta ciudad.

Parece décadas atrás cuando nuestras amigas Flavia y Agustina nos pasaban a buscar por el aeropuerto y nos alojaban en su casa por una noche mientras buscamos una propia. Recuerdo que dimos una muestra de efectividad y dos días mas tarde estábamos mudando hacia nuestro departamentito en Burns Street.

Pocos días después estábamos desmantelando el bar "The Town Ball", guardandolo completo dentro de containers, yendo hacia ahí en nuestro Nissan Tiida alquilado atropellamos a una señora y Mati comenzo su propia batalla personal en la que perdería su registro por medio año obligandome a apurar el aprendizaje manejando todos los días.

Guille, peleando con enemigos internos, cambio drasticamente. Dejo de reirse, dejo de salir con nosotros, de viajar, de ayudar en la casa, de conversar. Un dia hace casi un mes abandono el grupo, cansado de nosotros o de el mismo, nunca lo supimos. Poco mas se supo de el.

Me esforcé por ganarme mi lugar en los bares y cafés de Christchurch, meses atrás recorrí todos y cada uno dejando mi CV esperando una oportunidad. TDL parecía un gran comienzo pero quedo disuelto en la nada, Mrs. Hucks y Harlequim fueron dos decepciones enormes. Golpes duros que pusieron a prueba mi paciencia y determinación.


Cristhian volvió de trabajar tres meses rodeado de vacas y se unió a mi trabajando en el deposito de Countdown en este tramo final.

Pero nuestra estadía en Christchurch tiene las horas contadas, ya pasamos mucho, demasiado tiempo en esta ciudad. Vinimos a pasar el invierno, agachar la cabeza y ahorrar unos dolares. Objetivo no cumplido al menos para mi.

Marcos a ultimo momento nos sorprende con una noticia de lo mas triste, tiene que quedarse al menos una semana mas solucionando problemas con multas atrasadas que nunca le llegaron y su visa a punto de vencerse. La noticia nos cae como una bomba porque habíamos planificado el viaje juntos.

Escribo estas lineas con la sensacion extraña que me dejo armar la mochila después de cuatro meses. Cuatro meses que guardare en esa mochila y me llevare conmigo a la ruta. Es un equipaje cada vez mas pesado y mas rico.


Volvemos a la ruta, volvemos al viaje mas puro, sin planes y sin tiempos subimos nuestras valijas al auto y partimos hacia rutas salvajes. Lugares increíbles que Nueva Zelanda todavía nos oculta, personas que todavía no conocemos y experiencias de esas que le quiero contar a mis nietos.

Volvemos a sentir la aventura, la adenalina. Nos sentimos otra vez de viaje. Cuando pase el temblor



"I never really gave up on
Breakin' out of this two-star town
I got the green light, I got a little fight
I'm gonna turn this thing around"



domingo, 26 de octubre de 2014

El adios a un grande

El tiempo de Tomy y Cristhian trabajando en el tambo llego a su fin. Se cumplieron tres meses y el dueño les echo fly así que vienen y se mudan con nosotros en nuestra casa en Christchurch. Aun después de estar separados de ellos tres meses la química sigue intacta, en seguida se integran a la vida en nuestra casa superpoblada (con ellos somos 9).

Pero todo esto tiene fecha de vencimiento, Tomy y su barba volverán a Argentina en pocos días para retomar su trabajo como guardavidas en una playa Marplatense.

Es hora de despedirlo a la argentina, con un asado en el barrio cerrado (pero abierto) "Pegasus Bay".
El barrio cerrado (todavía en construcción) ya cuenta con un lago artificial, playas, puentes y lo mas importante de todo: parrillas gratis (a gas). Ninguna reja ni guardia impiden a un grupo de pobres backpackers argentinos apoderarse de una de ellas.




Mucha carne, ensalada, cerveza y charla después luquitas y sus amigos se quedan todos dormidos en el pasto. El día esta hermoso y la siesta nos une como grupo.

Cerramos el día jugando un poco al fútbol y recreando la película "Cuidado, Hercules vigila" cada vez que la pelota se nos iba a una obra en construcción custodiada por un perro gigante y malvado.

Asado y fútbol en un barrio cerrado de Christchurch, Nueva Zelanda confirman mi teoría de que donde haya argentinos hay Argentina.




Al otro dia nos depedimos de Tomy definitivamente, se ira al norte recorriendo las costas de Nueva Zelanda haciendo lo que mas le gusta: surfear. Cuando llegue noviembre ya estará de vuelta en Argentina.

Viajando tanto tiempo se conoce mucha gente, muchisima, cientos literalmente. La mayoría pasan al olvido casi inmediatamente, recordamos su cara y quizás su nombre. Unos pocos nos caen simpáticos pero las circunstancias no permiten mucho mas. Son pocos los que de verdad dejan su huella, que modifican tanto el viaje que cobran la misma importancia que el lugar en si.
Uno elige sus compañeros de viaje porque enriquecen cualquier experiencia, desde hacer las compras en el supermercado hasta subir la montaña mas alta. Al menos eso hacen los mios.

Tomy, siempre de buen humor, siempre tranquilo y siempre viendo como colaborar con el grupo es uno de ellos. Hoy lo despedimos sabiendo que lo vamos a extrañar y que sera probablemente irremplazable.




miércoles, 15 de octubre de 2014

2003, Ready

Los días de desempleo se acaban de repente, durante una entrevista para un puesto poco prometedor  en una bakery recibo un mensaje de Walter, un personaje misterioso al que nadie nunca vio pero a muchos les consigue trabajo por mensaje de texto. Al día siguiente estoy montado sobre un camión de la empresa Move Logistics repartiendo todo tipo de alcohol a los bares y licorerias de Christchurch.

Durante una semana comparti la cabina del camión con Kim (un rugbier grandote) y Emma, una petisa de pelo rosado que hace maravillas maniobrando el camión por las calles christchurtianas.
 Aunque Kim es el músculo del equipo Emma (con pasado en el ejercito) levanta casi lo mismo que el. Una lesión en su hombro me consiguió trabajo.




El trabajo es entretenido, se alternan momentos intensos bajando barriles de 50 litros de cerveza con momentos de relax mientras viajamos de un punto a otro. Emma esta contenta de que por fin le mandaron a un ayudante que sabe hablar ingles y me pide que me quede toda la semana, yo acepto con gusto. A los pocos días Emma se cura y ya no me necesitan, pero aquella vez que fuimos al supermercado con el camión para hacer tiempo, o aquella otra cuando me hicieron fingir que no hablaba ingles para safar de un cliente exigente pasaran al anecdotario de este viaje.



El lunes siguiente arranco el que, si todo sale según el plan, sera mi trabajo hasta que decida irme de Christchurch (que no falta mucho les paso el dato). El depósito central de la cadena de supermercados Countdown necesita gente que junte las cajas de mercadería en pallets (unas bases de madera) que después se cargan en los camiones que las llevan a cada sucursal de Coundown distribuidas por todo el país. Es una especie de búsqueda del tesoro y por algún motivo creen que yo soy el candidato indicado y me asignan el numero 2003.




Durante tres dias me entrena un viejito del que nunca me aprendi el nombre asi que lo llamaremos Señor Miyagi. Por el deposito no nos movemos a pie (porque eso es de plebeyos) sino que nos proveen a cada uno con un "Jigger" que es un carro motorizado capaz de cargar dos pallets completos, y capaz de destruir muchos mas. Eso es lo que me dieron, la capacidad de destruir.



El primer día nos entrenan  al indio Daniel y a mi en las artes de manejar ese carrito de la muerte. Algunas horas y algunos pallets destruidos después se puede decir que aprendí a manejarlo sin chocar con nada ni atropellar a nadie. Al indio daniel le pase el trapo.

En el dia dos el Señor Miyagi nos introduce en las artes del sistema  "VoiceCollect" de reconocimiento de voz. Podrían simplemente darnos unas hojas de papel con la lista de lo que tenemos que juntar pero no, eso es de plebeyos. En vez de eso los amigos de Countdown nos proveen de un auricular y un micrófono mediante los cuales nos comunicamos con una computadora con voz de mujer que automaticamente nos dice que necesitamos y donde esta.

Durante 20 minutos leo en voz alta las palabras que aparecen en una pantalla para que el sistema aprenda a reconocer mi voz. Ante la presencia de una secretaria muy simpática leo las palabras con la voz mas sexy y masculina que puedo. Alpha, Bravo y Charlie reemplazan al ABC de toda la vida, lo mismo con el resto de las letras. Mas adelante me daría cuenta arrepentido de que la computadora no me reconoce si no pongo voz sexy.

Al tercer día ya estoy trabajando solo, no les voy a mentir queridos oyentes los siguientes los pase mitad destruyendo cosas y la otra mitad escondiéndolas, pero después mejoro y cada vez resuelvo mas rápido la principal dificultad del trabajo que es acomodar decenas de cajas distintas en un tetris diabólico para que entren todas en los pallets. Día tras día le paso el trapo al indio.

En otras noticias nos mudamos a nuestra nueva casa en el 558 de Gloucester St. en la que viviremos miles de aventuras facilitadas por los tragos que preparo en su elegante cocina-barra.




Con el techo asegurado y el panorama laboral un poco mas claro nuestros últimos días en Christchurch aparecen como un simple trámite, embolsillando cuanto dolar vemos pasar y calentando motores para salir nuevamente a la ruta hacia destinos mas amigables.
Mientras tanto, todos los dias a las cinco y media de la mañana saludare con voz muy sexy a mi propio HAL 9000 con un: "2003, Ready".

domingo, 5 de octubre de 2014

Arañando el fondo

Nuestro ultimo día en Queenstown estará marcado por la lluvia. Los planes que teníamos para hoy tendrán que esperar hasta la próxima visita. Almorzamos por ahí y elegimos desafiarnos al Minigolf y al Bowling para cerrar el día, cerca de las cuatro de la tarde emprendemos el regreso, por el camino sentimos la obligacion de parar a sacar algunas fotos. Ahí van!




Mati ya se volvió el día anterior, así que paso la noche en el tambo con Cristhian y Tomy y la mañana siguiente manejo los 300 kilometros de vuelta a Christchurch, solo.

La sensación de volver de Queentown, ciudad de pasarla bien a Christchurch, ciudad adicta al trabajo, gris y con los chalecos "High Visibility" siempre de moda es amarga.
Es martes y debería ir a trabajar pero recibo un mensaje de mi mi manager Steve diciendome que hoy no me necesitarian porque el bar esta muy tranquilo, aprovecho el día off para descansar del viaje y prepararme para volver a trabajar.
Pero el miércoles recibo otro mensaje diciendome que tampoco me necesitan, lo mismo el jueves. Menos días de trabajo significa menos dolares al final de la semana y cada semana estoy teniendo menos, el jueves tampoco me necesitan, nunca estuve tan entusiasmado por un trabajo pero parece que me están dejando de lado.

El viernes me llama mi manager de urgencia, me necesitan cuanto antes, en media hora estoy en Mrs Hucks listo para hacer lo que mas disfruto: tragos y café.

Pero la atmósfera cambio, en realidad, el bar sigue igual pero yo me siento un extraño, mis compañeros me saludan como a un amigo del barrio que hace rato no ven, las cosas no están donde estaban cuando las deje hace solo una semana. Yo siento que ya no pertenezco.

Cuando Steve me indica que hoy me necesitan para asistir a todos los demás, haciendo lo que me pidan durante los momentos mas ocupados empieza la hora mas amarga de trabajo desde que pise este lugar. Siempre trabajé con una sonrisa auténtica por estar haciendo lo que quería hacer, hoy no puedo ni fingir una media-sonrisa de compromiso. Los dueños contrataron mucha gente en la apertura del bar y ahora están queriendo abaratar costos.
Por un descuido de Steve veo los horarios para la próxima semana y mi nombre tachado cuidadosamente de cada día. Algo se rompió y no tiene arreglo.

Cuando llamo a Steve y le digo como me siento me cuesta mantener la compostura, el balbucea algo sobre que es injusto conmigo y que el no tuvo influencia en la decisión, yo le doy las gracias, le devuelvo el delantal y caminando me alejo de otra gran decepción que Christchurch me regala. No estoy seguro de si el día, increíblemente soleado, intenta darme ánimos o se burla de mi.

Cincuenta cuadras después estoy en casa, pasare bastante tiempo acá los proximos días, enviando aplicaciones para conseguir un nuevo trabajo. Ya no me limito a trabajar en bares, mi cuenta bancaria esta mas cerca del cero que nunca y en este momento cualquier colectivo me deja en casa.

Trabajo dos días para la agencia Coverstaff haciendo un trabajo extenuante y aburrido: descargar miles de barras de metal de un container. Cuando voy a pedir que me cambien a otro trabajo los de Coverstaff se ofenden y me borran de su lista. Al menos llegue a cubrir los gastos de la semana.

A mas de seis meses de empezado el viaje estoy en mi punto mas bajo, con mi cuenta bancaria vaciándose, mis amigos ocupados trabajando y yo buscando trabajar, paso mas tiempo de la cuenta en casa y la frustracion se hace sentir.

Internamente sonrio, se que, al final, todo estará bien.