jueves, 25 de septiembre de 2014

Queenstown (parte 2)

Después de disfrutar la vida nocturna de Queenstown el cuerpo nos pide dormir, pero a las 6 de la mañana suenan nuestros despertadores (aprovecho para pedir perdón a nuestras compañeras de cuarto del hostel) y, como los zombies de The Walking Dead, nos vestimos y vamos hasta "The Green Toad" donde alquilamos equipo que vamos a necesitar para lo que nos espera hoy: Un día de Ski/Snowboard allá arriba en las montañas.
   Siendo Mitad de septiembre la nieve ya empezó a retroceder, "The Remarkables" la cadena montañosa que protege a Queenstown ya casi no tiene nieve, así que nos dirigimos a Cardrona que es, según los lugareños, el único lugar donde todavía se puede disfrutar de la nieve



Después de una hora de viaje sobre el Volvo negro de Christhian y Tomy llegamos al centro de Ski Cardrona, donde mediríamos fuerzas: Hombre vs Montaña, intentando domar a la montaña que a su vez intentaría echarnos de donde no pertenecíamos. En mi caso, les digo desde ya, la montaña Ganó, Gustó y Goleó.


A sabiendas de que me iba a estar cayendo mucho, y considerando caer de culo mucho mas noble que caer despatarrado abierto de piernas elijo el Snowboard por sobre los esquíes.



Armado con mi tabla encaro directamente para la pista de principiantes, es mi primera vez en la nieve y no tengo intención de abarcar mucho y apretar poco. 100 metros con poca pendiente y mucha gente fueron todo lo que necesitaba para deslizarme un poco y caerme mucho. Junto con Cristhian y Tomy (que también tienen su primera experiencia sobre el Snowboard) poco a poco aprendemos a mantener el equilibrio, a pararnos y empezar a bajar, a esquivar a la gente y a disfrutar la bajada. Hay algo que personalmente nunca aprendí: a frenar.

Mati (que ya esquió varias veces porque es un cheto bárbaro) quiere subir a la aerosilla que nos llevará a la cima de la montaña. Christhian y Tomy se entusiasman con la idea y lo siguen, yo, que todavía no aprendí a frenar, le hago caso a mi lado infantil que tan lejos me ha traído y me uno a la subida.




Desde arriba se aprecia lo inmenso de la montaña, hacia abajo, a velocidades superiores a los mil kilómetros por hora, es hacia donde vamos. Cayéndome varias veces en lo primeros metros reafirmo lo que ya sabia: no iba a ser fácil.





El resto del día transcurre deslizándome cuesta abajo sobra la nieve, cayéndome contra ella, arrastrándome sobre ella. Pronto domine el arte de bajar en linea recta,  rápidamente alcanzando velocidades peligrosas, pero los secretos de las artes del frenado todavía permanecían ocultos para mi, fuera de mi alcance. Y la única forma de frenar fue caerme, mucho.

Me paro, gano velocidad, esquivo nenes, voy muy rápido, quiero frenar, la tabla se clava en la nieve... and another one bites the dust. La escena se repite a lo largo del día en mayor o menor intensidad aveces resuelvo la cuestión simplemente cayendo de culo, otras veces simplemente iba demasiado rápido, rodando y arrastrándome por la nieve, mi cámara GoPro y mis lentes volando por los aires y nenes de cuatro años que me pasan por a lado esquiando perfectamente solo para humillarme.

Dije GoPro? Acá esta el video: rusticamente editado por quien les habla:


Snowboard Queenstown from Lucas Estebe on Vimeo.


Después de registrar en video mis fracasos snowbordisticos durante horas, de ser golpeada y volar por el aire unas cuantas veces, mi camarita GoPro se queda sin batería y el tramo final del día queda sin registrar. Incluyendo un impacto a gran velocidad contra un regio poste de madera que nunca vi. Si, me podría haber matado pero no :D.



Cerca de las dos de la tarde izo la bandera blanca y dejo de subir y bajar la montaña. Disfrute y me divertí mucho a pesar de haberme caído y golpeado aveces bastante fuerte. Soldado que huye sirve para otra guerra y yo se que tendré mi revancha, no se cuando ni donde pero la tendré. Mientras los chicos terminan de esquiar duermo una siesta memorable sobre la nieve.

Satisfecho y exhausto vuelvo a Queenstown, no tenemos energías para salir de fiesta pero si para ir a abusar nuevamente de los happy hours de un par de bares.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Queenstown (Parte 1)

Recuerdo uno de esos días en que no podía dormir pensando en que iba a hacer cuando este en Nueva Zelanda, pensaba donde quería vivir y trabajando de que. Pensando en que lugares quería visitar si o si marque con mi dedo una pequeña ciudad al sur de la isla sur: Queenstown. El destino quedo sellado, visitaría Queenstown, solo faltaba esperar la oportunidad correcta.

Mas de 6 meses después estoy listo para tachar otro ítem de mi lista mental de destinos obligados, eso explica la felicidad inmensa que siento cuando termino de trabajar el viernes a la tarde y partimos junto con Mati (Guille y Marcos no pudieron sumarse) hacia el sur, alejándonos de la gris Christchurch que cada día me gusta menos.

Nuestra primera parada es Waimate, un pueblito insignificante rodeado de Tambos, en uno de esos tambos viven y trabajan Tomy y Cristhian, ex compañeros de viaje.
Hace tiempo que no los vemos y casi que hasta hay un choque cultural cuando llegamos a su casita que huele un poco a culo de vaca. Vivir y trabajar en un tambo es una opción común para quienes quieren ahorrar unos cuantos dolares en poco tiempo y no les molesta estar un poco aislados.
Me alegra ver que ellos están bien ahí, aunque la melena que se dejo crecer Cristhian y la barba espartana de Tomy ponen en evidencia que ya perdieron la cabeza.
Después de unas cervezas de reencuentro todos nos vamos a dormir, un gran día nos espera mañana.

Dejamos nuestro auto descansando en el tambo y el sábado bien temprano partimos para Queenstown montados en el Volvo negro de los chicos que meses atrás remolco a nuestro amado Ford Mondeo hacia su lugar de reposo final. Musicaliza DJ Matias Molina con una mezcla mas que polémica entre Il Divo y Damas Gratis.

La ruta, para variar, es impresionante, y por supuesto paramos a sacar algunas fotos:





Tres horas después llegamos a Queenstown, la capital nacional de todo, al mejor estilo Bariloche Queenstown combina centros de Ski en sus montañas nevadas con deportes acuáticos en sus lagos, paracaidismo, vida nocturna, etc, etc, etc.
Son tantas las opciones que nosotros, pobres diablos Christchurtianos, no sabemos por donde empezar, los ermitaños del tambo tienen menos idea que nosotros.
Aprovechamos el wifi del café Patagonia (propiedad de un Argentino que la esta juntando en pala) y tratamos de elaborar alguna clase de plan. Después de mucha búsqueda y mucho preguntar nos decidimos a probar el Thunderjet, una lancha que parece que anda muy rápido por el lago.



 

Durante una hora a bordo de la lancha ThunderJet volamos sobre la superficie de uno de los lagos mas puros del mundo, enclavado en un paisaje montañoso difícil de olvidar. La velocidad y la adrenalina se combinan con la magia del paisaje para dejarnos una experiencia de esas que vale la pena recordad. Me tome el trabajito de resumir el video de una hora en 5 minutos, así que espero que lo vean y mas vale que les guste:


Thunderjet Queenstown from Lucas Estebe on Vimeo.


Terminado el paseo, pasamos a cambiarnos por nuestro hostel y arrancamos la noche haciendo uso y abuso de las Happy Hours de las decenas de bares que hay en esta ciudad hermosa.
La noche pasa de bar en bar, la atmósfera es festiva, la ciudad esta llena de vida, llena de gente que esta tan de paso como nosotros, todos sienten el impulso de quedarse pero son pocos lo que lo hacen.

Cerramos la noche luciendo nuestros mejores pasos en la noche de los '90 del bar Buffalo Club y volvemos a dormir.

Mañana nos espera el plato fuerte de Queenstown, un día de Ski y Snowboard que hace mucho vengo esperando...

"The good old days, the honest man
The restless heart, the Promised Land"