Siendo Mitad de septiembre la nieve ya empezó a retroceder, "The Remarkables" la cadena montañosa que protege a Queenstown ya casi no tiene nieve, así que nos dirigimos a Cardrona que es, según los lugareños, el único lugar donde todavía se puede disfrutar de la nieve

Después de una hora de viaje sobre el Volvo negro de Christhian y Tomy llegamos al centro de Ski Cardrona, donde mediríamos fuerzas: Hombre vs Montaña, intentando domar a la montaña que a su vez intentaría echarnos de donde no pertenecíamos. En mi caso, les digo desde ya, la montaña Ganó, Gustó y Goleó.
A sabiendas de que me iba a estar cayendo mucho, y considerando caer de culo mucho mas noble que caer despatarrado abierto de piernas elijo el Snowboard por sobre los esquíes.
Armado con mi tabla encaro directamente para la pista de principiantes, es mi primera vez en la nieve y no tengo intención de abarcar mucho y apretar poco. 100 metros con poca pendiente y mucha gente fueron todo lo que necesitaba para deslizarme un poco y caerme mucho. Junto con Cristhian y Tomy (que también tienen su primera experiencia sobre el Snowboard) poco a poco aprendemos a mantener el equilibrio, a pararnos y empezar a bajar, a esquivar a la gente y a disfrutar la bajada. Hay algo que personalmente nunca aprendí: a frenar.
Mati (que ya esquió varias veces porque es un cheto bárbaro) quiere subir a la aerosilla que nos llevará a la cima de la montaña. Christhian y Tomy se entusiasman con la idea y lo siguen, yo, que todavía no aprendí a frenar, le hago caso a mi lado infantil que tan lejos me ha traído y me uno a la subida.
Desde arriba se aprecia lo inmenso de la montaña, hacia abajo, a velocidades superiores a los mil kilómetros por hora, es hacia donde vamos. Cayéndome varias veces en lo primeros metros reafirmo lo que ya sabia: no iba a ser fácil.
El resto del día transcurre deslizándome cuesta abajo sobra la nieve, cayéndome contra ella, arrastrándome sobre ella. Pronto domine el arte de bajar en linea recta, rápidamente alcanzando velocidades peligrosas, pero los secretos de las artes del frenado todavía permanecían ocultos para mi, fuera de mi alcance. Y la única forma de frenar fue caerme, mucho.
Me paro, gano velocidad, esquivo nenes, voy muy rápido, quiero frenar, la tabla se clava en la nieve... and another one bites the dust. La escena se repite a lo largo del día en mayor o menor intensidad aveces resuelvo la cuestión simplemente cayendo de culo, otras veces simplemente iba demasiado rápido, rodando y arrastrándome por la nieve, mi cámara GoPro y mis lentes volando por los aires y nenes de cuatro años que me pasan por a lado esquiando perfectamente solo para humillarme.
Dije GoPro? Acá esta el video: rusticamente editado por quien les habla:
Snowboard Queenstown from Lucas Estebe on Vimeo.
Después de registrar en video mis fracasos snowbordisticos durante horas, de ser golpeada y volar por el aire unas cuantas veces, mi camarita GoPro se queda sin batería y el tramo final del día queda sin registrar. Incluyendo un impacto a gran velocidad contra un regio poste de madera que nunca vi. Si, me podría haber matado pero no :D.
Cerca de las dos de la tarde izo la bandera blanca y dejo de subir y bajar la montaña. Disfrute y me divertí mucho a pesar de haberme caído y golpeado aveces bastante fuerte. Soldado que huye sirve para otra guerra y yo se que tendré mi revancha, no se cuando ni donde pero la tendré. Mientras los chicos terminan de esquiar duermo una siesta memorable sobre la nieve.
Satisfecho y exhausto vuelvo a Queenstown, no tenemos energías para salir de fiesta pero si para ir a abusar nuevamente de los happy hours de un par de bares.