Estamos en la segunda mitad de Mayo y me queda todavía un mes de visa lo que me presenta con el problema de que hacer para no perder plata y en lo posible seguir ahorrando hasta el día que me vaya.
Por suerte estoy en el lugar correcto, la temporada de kiwis aun continúa y mis compañeros de casa enseguida me consiguen un lugar con ellos.
El año pasado trabaje tres meses con la Packhouse "Trevelyans" esta vez seran unas pocas semanas en el turno noche de "Transpack", una packhouse bastante mas pedorra pero que me recibió con brazos abiertos. Ya con experiencia tire un par de magias el primer día y me mandaron a hacer lo mismo que hacia el año pasado. No es un trabajo pesado pero si monótono, ademas ya no lo hago rodeado de mis amigos sino que estoy solo con un par de maories de 16 años que solo parecen interesados en hablar de mujeres y de distintas formas de fumar marihuana, dos cosas de las que se poco y nada.
Las noches se hacen de goma viendo la fruta pasar, aplico la filosofía de "me pagan el mínimo, trabajo el mínimo" y en ningún momento pretendo correr contra la maquina cuyo ruido mezclado con la cumbiancha que pone nuestro amigo Maik por los altoparlantes musicalizan este caos.
En mi segunda temporada y a tres semanas de irme estoy mas allá del bien y del mal.
Y finalmente llega, ultima noche de kiwis en Transpack que sera también mi ultimo día de trabajo en Nueva Zelanda, la gente trabaja con una sonrisa, se hacen chistes y se preparan para el inminente final.
Cerca de las cinco de la mañana el altoparlante anuncia "Last Bin" (ultimo cajón), se divisa el final. La cinta de la máquina trae los últimos kiwis que van cayendo dentro de las ultimas cajas. Cae el ultimo kiwi, la maquina sigue girando unos segundos mas de manera infructífera y finalmente se detiene y nos deja con un silencio inesperado. Aplaudo pero nadie me sigue.
Se terminó.
Los días que siguen son extraños, pasamos de la intensa rutina de trabajar 10 horas por noche a organizar nuestra partida del país en el que vivimos hace mas de un año.
Una ocasión como esta esta plagada de los peores momentos de los viajes: las despedidas. A esta altura ya tuve decenas de despedidas de gente especial y querida, a algunos los volveré a ver, a otros sera para siempre.
Al primero que despedimos es a nuestro fiel compañero "El Michael": nuestro Toyota Corona que hace un año que nos lleva a donde necesitemos sea alguno de los paraísos escondidos neocelandeces o al supermercado. Ahora, es momento de que haga feliz a otros viajeros, Adiós Michael!
.Ya sin auto y a punto de abandonar el país, es hora de deshacerme de todas las porquerías que fui acumulando, y, después de algunas horas de decisiones difíciles y establecer prioridades logro meter todas mis pertenencias en dos mochilitas.
Devuelta la casa, 15 homeless se despiden con un asado frente al mar. Un lujo haber formado parte de este grupito que hoy llega a su final. A algunos volveré a verlos pero nunca volveremos a estar todos juntos. A todos les deseo lo mejor.
Para Mati y para mi es hora de partir, pasamos la noche en la sede de la comunidad religiosa "The Wharf" que siempre brinda ayuda a mochileros y de quienes me he hecho muy amigo este otoño y al día siguiente partimos una ultima vez para la ciudad de Auckland. Esta vez vamos en bondi.
Para nuestra ultima tarde noche en Nueva Zelanda tenemos un plan especial que nos venimos guardando desde el primer día. Vamos a subir la imponente "Sky Tower" de Auckland. El edificio mas alto del país que ofrece una vista única de la metrópoli.
A través del piso de vidrio y las ventanas vemos nuestro ultimo atardecer en Nueva Zelanda, el sol se vuelve color naranja y alcanza su belleza máxima antes de esconderse en el horizonte. Las sombras de esta ultima noche cubren lentamente las calles de la ciudad que rápidamente reaccionan encendiendo su espectáculo de luz, los cientos de miles de automovilistas encienden las luces de sus autos y ponen al descubierto las arterias del corazón latente de esta joven y floreciente tierra.
Valió la pena guardarnos esta experiencia hasta ultimo momento, nos abrazamos satisfechos.
No hay fotos porque las perdí.
Cumplido nuestro ultimo objetivo nos entregamos al DJ de un bolichin y desplegamos todos nuestros pasitos en una pista con poca gente pero mucho corazon. Un taxi nos lleva hasta el aeropuerto, donde pasaremos nuestra ultima noche acurrucados entre nuestros bolsos.
Siento la necesidad de dedicarle un parrafito a Nueva Zelanda. Cuando un proceso tan importante se termina todo el mundo espera que uno haga un balance. Cuando pienso en mi experiencia en Nueva Zelanda siento una alegría tan pura, una satisfacción tan grande y un cariño que durara toda la vida que me es difícil expresarlo en palabras. Con mis 20 años recién cumplidos me subí a un avión por primera vez, abandonando también por vez primera a mi Argentina natal.
Dieciséis horas después aterrizaba en tierras kiwis. Solo y con nada mas que 1300 dólares en el bolsillo de alguna manera tendría que sobrevivir un año. Tanto esos dolares como la soledad me duraron poco y nada, en el mismo aeropuerto me hice mi primer puñado de amigos, que me acompañaron durante los confusos primeros momentos y uno de ellos (mi querido Mati) sigue aquí conmigo 20 meses después.
Los días se hicieron semanas y las semanas se hicieron meses y hoy es momento de graduarme de esta escuela de vida que fue Nueva Zelanda para mi. Solo tengo agradecimientos para este país que me recibió con los brazos abiertos, me presento el contexto para experiencias inolvidables. En tierras kiwis compre mi primer auto (y mi segundo), alquile mas de cinco casas, tuve mas de 15 trabajos completamente distintos y me hice mas amigos que Roberto Carlos. Todo esto inmerso en los paisajes mas fabulosos que un humilde porteño puede imaginarse.
Nuestro vuelo de LAN con destino a Sydney despega y dejo atrás los 15 meses mas increíbles de mi vida. Adiós y gracias!

A través del piso de vidrio y las ventanas vemos nuestro ultimo atardecer en Nueva Zelanda, el sol se vuelve color naranja y alcanza su belleza máxima antes de esconderse en el horizonte. Las sombras de esta ultima noche cubren lentamente las calles de la ciudad que rápidamente reaccionan encendiendo su espectáculo de luz, los cientos de miles de automovilistas encienden las luces de sus autos y ponen al descubierto las arterias del corazón latente de esta joven y floreciente tierra.
Valió la pena guardarnos esta experiencia hasta ultimo momento, nos abrazamos satisfechos.
No hay fotos porque las perdí.
Cumplido nuestro ultimo objetivo nos entregamos al DJ de un bolichin y desplegamos todos nuestros pasitos en una pista con poca gente pero mucho corazon. Un taxi nos lleva hasta el aeropuerto, donde pasaremos nuestra ultima noche acurrucados entre nuestros bolsos.
Siento la necesidad de dedicarle un parrafito a Nueva Zelanda. Cuando un proceso tan importante se termina todo el mundo espera que uno haga un balance. Cuando pienso en mi experiencia en Nueva Zelanda siento una alegría tan pura, una satisfacción tan grande y un cariño que durara toda la vida que me es difícil expresarlo en palabras. Con mis 20 años recién cumplidos me subí a un avión por primera vez, abandonando también por vez primera a mi Argentina natal.
Dieciséis horas después aterrizaba en tierras kiwis. Solo y con nada mas que 1300 dólares en el bolsillo de alguna manera tendría que sobrevivir un año. Tanto esos dolares como la soledad me duraron poco y nada, en el mismo aeropuerto me hice mi primer puñado de amigos, que me acompañaron durante los confusos primeros momentos y uno de ellos (mi querido Mati) sigue aquí conmigo 20 meses después.
Los días se hicieron semanas y las semanas se hicieron meses y hoy es momento de graduarme de esta escuela de vida que fue Nueva Zelanda para mi. Solo tengo agradecimientos para este país que me recibió con los brazos abiertos, me presento el contexto para experiencias inolvidables. En tierras kiwis compre mi primer auto (y mi segundo), alquile mas de cinco casas, tuve mas de 15 trabajos completamente distintos y me hice mas amigos que Roberto Carlos. Todo esto inmerso en los paisajes mas fabulosos que un humilde porteño puede imaginarse.
Nuestro vuelo de LAN con destino a Sydney despega y dejo atrás los 15 meses mas increíbles de mi vida. Adiós y gracias!

























