miércoles, 2 de marzo de 2016

40 días en Tailanda pt. 2: Ensemble

Después de la odisea que resultó el viaje por fin estoy sano y salvo en el hostel "Phuket Central Backpackers" de la ciudad de Phuket. Limpio, ordenado y barato, decido quedarme a esperar aquí el arribo de mis futuras compañeras de viaje que llegarán en tres días directamente desde el vecino país de Laos.
Aprovecho este tiempo a solas para visitar el mercado nocturno, el verdadero corazón de todas las ciudades del sudeste asiático.
Intrincados pasillos repletos de gente flanqueados por infinitos puestitos vendiendo toda clase de chucherías, y alimentos tan variados como brochettes, albondigas, fideos, cucarachas, gusanos y hasta carne de cocodrilo.  Pocos turistas se ven entre la marea de asiáticos. Esta es una experiencia real y genuina, lejos de las fachadas mentirosas de las agencias de turismo.





Aquí logro empezar a conocer la cultura local, como funciona todo, como tratar a los Tailandeses y lo mas importante:  el arte del regateo.
Verán. Ante los ojos de muchos de los comerciantes asiáticos un turista como yo aparece como una especie de piñata andante, que si se la pincha lo suficiente comenzaran a caer los dólares. Por lo tanto cuando uno planea comprar algo en cualquier puestito debe permanecer atento y recordar que el primer precio que a uno le digan puede ser hasta 10 veces el precio real.
Lo he intentado todo para explicarles que soy de Argentina, una tierra donde se gana en pesos y no en euros. Incluso he probado nombrándolos a Messi y al Diego pero no hay caso. Los tailandeses no son muy futboleros.
Después de varias idas y venidas, si uno tiene la paciencia suficiente, convicción y las capacidades actorales, puede llegar a un precio satisfactorio para ambas partes y disfrutar, por ejemplo, un delicioso plato de Pad Thai (el mas común de los platos típicos tailandeses) por la módica suma de un dólar.


Al ser temporada baja el hostel esta casi vació y muy tranquilo, intento pasar el tiempo haciendo amistad con un grupo de cuatro chicas alemanas muy simpáticas que deciden hablar exclusivamente en alemán y me dejan con la sensación de estar hablando solo.
Tres días después, llegan finalmente las chicas que viajaran conmigo las siguientes dos semanas. Aquí están, estas son: mi amiga personal Anne y sus amigas Marion, Alison, Margaux y Olivia. Todas de Francia.


Con el team reunido es momento de encarar hacia el paradisíaco Mar de Andaman, donde se encuentran algunas de las islas mas visitadas como las Koh Phi Phi, un pequeño archipiélago de altos acantilados rojizos que esconden las mejores playas que yo jamas haya visitado y que sera nuestra primera parada en esta ruta.
El archipiélago es uno de los puntos mas visitados del país, muchos turistas se interesaron por este lugar después de que ser el lugar de filmación de la pelicula "La Playa" protagonizada por Leonardo DiCaprio.
Nada mas llegar nos damos cuenta de que este lugar es otra de las tantas trampas para turistas tan comunes en esta parte del mundo. Descendemos del ferry sobre un largo muelle, unos 50 metros que caminaremos rodeados de los gritos de decenas de hombres con carteles promocionando hoteles, restaurants, excursiones y cualquier otra cosa que un turista pudiera desear. Al final, nos espera una sorpresa para mi decepcionante, cobran entrada a la isla.
Cuatro hombres emboscan a los turistas al final del muelle y exigen una entrada de 20 Bahts para dejarlos pasar. En este cuello de botella, sin posibilidad de escape, millones de turistas por año agachan la cabeza, buscan sus billeteras y compran su pasaje al paraíso.
Pero este humilde viajero ha visto mucho fútbol y aunque nunca fui un gran jugador si se identificar un hueco en la defensa. La linea de cuatro se abre para frenar a mis amigas y quien les habla logra escabullirse entre medio y entrar a la isla al paso de los conquistadores. Luquitas 1 - Capitalismo 0.

Ante nosotros, un mar de gente se abre paso entre los infinitos locales de ropa, tatuajes, comida y restaurants a través de los angostos corredores de la isla. Aquí no hay lugar para autos y los mochileros como nosotros cargan sus mochilas colina arriba hasta sus hostels mientras que aquellos con pocas ganas de llevar peso contratan locales que los llevan por ellos en unos carros y te gritan para que te corras del medio cada 30 segundos.


Nosotros no tenemos nada reservado pero después de mucho caminar y preguntar finalmente nos decidimos por una pedorra habitación en un hotelucho bien alto en el monte. Una magnífica vista compensa la subida de las interminables escaleras.


Por fin liberados del peso de nuestras mochilas nos dedicamos a disfrutar de las increíbles playas de Koh Phi Phi, de entre todas ellas "Monkey Beach" se lleva el premio. Jamas he visto una arena tan blanca, y un agua tan perfectamente transparente y templada. me paso horas en el agua con un snorkel que me prestaron las chicas viendo pecesitos de colores nadar abajo mio. Eso si, alguien del grupo tiene que quedarse siempre en la arena cuidando los bolsos con un palo porque la playa esta bajo contante vigilancia de unos malvados monos que aprovechan cada oportunidad para robar cualquier objeto descuidado. Los he visto abrir cierres y ganchos, y hasta vi a uno abrir una botella de coca y bajársela entera. Estos bichos no son joda. Pero les dejo algunas fotos para que vean que todo esto vale la pena.





Crecí veraneando en Mar del Plata, entrando al mar mas por orgullo que por placer, a lo largo del viaje fui amigándome poco a poco con el y en Australia ya me acostumbre a nadar aunque sea una vez al día. En Tailandia me hice completamente adicto, la marea calma y la temperatura ideal hacían muy difícil decidirse a salir y volver a la calurosa tierra.
La única forma de llegar a Monkey Beach durante el día es contratando un "bote taxi", pero cuando cae el sol y la marea baja se puede volver caminando. Esta caminata quedará grabada en mi retina para siempre, la belleza esta simplemente fuera del alcance de las cámaras fotográficas.







Las noches en Koh Phi Phi son intensas, todo comienza con lo que es para mi el mejor invento de la historia: el Bucket, el bucket es ni mas ni menos que un trago en balde. Tan hermoso como suena uno puede hacerse de, por ejemplo, un mojito que durará horas hasta hacerse interminable por la modica suma de 5 dólares. Estos buckets se venden absolutamente en todos lados, locales de todo tipo por la noche se convierten en barras improvisadas. El mundo debe adoptar el Bucket. Compramos los nuestros en un local de tatuajes y nos entregamos a una noche de baile en la playa y espectáculos con fuego. La noche siguiente, con ganas de hacer algo mas tranquilo, visitamos el famoso bar de Koh Phi Phi donde cualquiera puede ofrecerse para pelear contra otro a cambio de un Bucket gratis. Intenté pelear pero no me lo permitieron por ser demasiado fachero.





Llega la hora de abandonar las naturalmente hermosas pero sobresaturadas de turistas islas Phi Phi y tomamos un Ferry hasta la vecina Koh Lanta, su menos transitada hermana mayor. Esta vez la finta no resulta y luego de un par de intentos fallidos termino pagando los cuarenta centavos de entrada a la isla, pero vale la pena porque aquí disfrutaremos de unos días de playas casi desiertas, tranquilidad y comida local en el mercado nocturno.
La isla es grande y la única forma de recorrerla completa es en moto que se alquilan en todo el país a precios irrisorios. Por poco mas de 10 dólares alquilamos tres scooters por 24 horas que nos permiten llegar a las playas casi desiertas desperdigadas a lo largo y ancho de esta isla.
En una de ellas, en nuestra ultima tarde, el mundo nos regala uno de sus mejores atardeceres.




Terminado nuestro paseo por el mar de Andaman cruzamos la Mainland tailandesa y, previo paso por las ciudades de Ao Nang y Surat-Thani, cruzamos hacia nuestro destino final: la isla de Koh Samui (por si no se dieron cuenta todavía "Koh" en tailandés significa isla).
Aquí en Koh Samui las chicas han tenido la delicadeza de alquilar una casa para todos por cinco días, después de tanto movernos cada dos días y parar siempre en hostels este cambio nos viene muy bien.
El verdadero propósito de todo esto es asistir a la famosa "Full Moon Party", la fiesta mas grande de todo Asia que se realiza en las playas de la vecina Koh Phagnan cada luna llena. Turistas de todo el mundo asisten pintados de colores a esta fiesta que promete ser inolvidable.

Como autor de este blog auténtico y popular me veo obligado a informarles de que todo esto es puro humo. La "Full Moon Party" no es mas que muchos bares en la playa que ponen cada uno su propia música de modo que es imposible escuchar solo una a la vez. No esperen ningún escenario central ni ningún tipo de infraestructura ni nada, o se van a decepcionar.
No obstante todos la pasan muy bien igual, la falta de joda en esta parte del mundo y nuestro viejo amigo el Bucket aseguran que tendremos hoy una buena noche con mucho baile y pachanga.
Vayan a la Full Moon Party, pero no esperen la Tomorrowland.



Y aquí termina la historia de cuando recorrí la mitad de Tailandia con mis amigas francesas, nos hemos llevado excelente compartiendo momentos para el recuerdo. Conoci el mar perfecto, las playas de las fotos, atardeceres de fuego y fiestas sobrevaloradas.
Llego el momento ahora de separarnos, ellas visitarán el vecino Vietnam y a mi me espera algo muy muy especial. Pero esto es todo por hoy.

Au revoir mes amis!








viernes, 19 de febrero de 2016

40 días en Tailandia pt.1: Caos

Después de despedirme de mis amigos Chino y Clari en el aeropuerto de Sydney me encuentro, por primera vez desde que empezó el viaje, completamente solo. Después de un total de 20 meses en las organizadas y seguras ex-colonias británicas Australia y Nueva Zelanda espero ahora pacientemente sentado en la sala de preembarque de "Air Asia" que llegue el momento. En mis manos un pasaje con destino a Bangkok, la capital Tailandesa. En mi cabeza una creciente sensación de "¿Que estoy haciendo?"

 

Pero esa sensación poco dura, todo lo hasta ahora superado y el insaciable apetito por conocer me quitan cualquier miedo que tuviese y me dan el empujoncito que no necesitaba para subirme a ese pedorro avión de Air Asia.
Durante el largo vuelo tengo tiempo para realizar toda clase de actividades como intentar imaginarme al ingeniero que revisó el espacio entre asiento y asiento y dijo "sep, ta perfecto, denle nomás". Nunca tendré el privilegio de conocer a este señor pero imagino que debe medir menos de un metro cuarenta y ser muy turro. El autor de este blog, un pibe de casi 1.85m la pasa bomba intentando toda clase de posiciones para intentar viajar cómodo, sin éxito alguno por supuesto.


Aterrizo en el aeropuerto Don Mueang de la ciudad de Bangkok. El 11 de noviembre de 2015 a las 8 y media de la noche piso por primera vez suelo asiático.
Primera cosa que me llama la atención: hace mucho (MUCHO) calor, el hecho  de ser invierno y de noche poco parecen importar.
Hago migraciones y enseguida sale a la luz otra de las particularidades de Tailandia: casi nadie habla inglés. El hecho de que me cueste tanto comunicarme en el aeropuerto internacional me anticipa que la comunicación con los locales va a ser un problema durante todo el viaje.
Después de dar un par de vueltas y hacer un par de colas innecesarias consigo finalmente un taxi que por 200 bahts (la moneda local) me lleva hasta el departamento de Janista, una chica tailandesa que conocí en Sydney y que accedió a guardar la mayor parte de mi equipaje mientras yo recorro su país con lo mínimo indispensable.


Dejo mi bolso con Janista y sus extrañas amigas chinitas y me dispongo a caminar hacia un hostel que queda a diez cuadras del departamento pero las chicas me lo prohíben y me obligan a tomar un taxi argumentando que Bangkok de noche es muy peligroso y como turista soy un blanco fácil.
Dado que son casi las 11 de la noche y la zona pinta bastante turbia acepto la sugerencia.
El taxista (un señor muy poco sociable) me indica que suba en el asiento trasero y minutos después me dice que llegamos a mi hostel. Intento explicarle que acá no hay nada pero no me entiende y tampoco le pone muchas ganas, le pago y me bajo del auto.
Después de dar vueltas en la noche por calles cada vez mas tenebrosas encuentro finalmente el hostel. Cerrado.
Toco 10 veces el timbre, golpeo la puerta, intento encontrar otra entrada. No hay caso, soy una vez mas un Homeless.

Veo figuras moverse entre los edificios, en las esquinas, el "gringo" parado solo con su mochila en el medio de la noche esta empezando a llamar la atención. Me pongo nervioso, inquieto. Por primera vez me siento vulnerable y fuera de lugar en la noche de una ciudad desconocida. Un tuk-tuk (moto transformada en taxi típico de asia) se transforma en mi vehículo de escape. El conductor no habla inglés pero se da cuenta de que estoy perdido y por suerte entiende una de las palabras mas internacionales del mundo "Hotel".
Minutos después me encuentro en la recepción de un hotel mucho mas cheto de lo previsto. Sin otra opción termino pagando cinco veces lo que tenia pensado pagar, pero como recompensa pasaré la noche en una bonita habitación con aire acondicionado, baño privado y todos los chiches. Un lujo para este viajero que ha sabido dormir tres meses en un closet.

¿Y que hace uno cuando se encuentra solo y aburrido en una habitación de hotel? Sacarse selfies, por supuesto.





Al día siguiente me las ingenio para encontrar un colectivo que me lleva hasta Khao San Road, la calle donde los turistas se reúnen a ser acosados por vendedores de todas las mercancías que uno pueda imaginarse. Desde bebidas y pasajes de bus hasta trajes a medida, animales y cirugías estéticas.
Pero sin duda el premio se lo lleva el "centro de documentación", que de forma totalmente abierta en un cartel ofrece toda clase de documentación falsa. Tarjetas de estudiante, carnets de conducir, diplomas falsos y hasta licencias de piloto de Lufthansa se encuentran disponibles para quien este interesado, solo lleve una foto y unos dólares y finalmente podrá obtener su diploma de Ingeniero, y, quien le dice, postularse para presidente. Las reglas aquí son, evidentemente, diferentes.

Con ganas de hacer mi estadía en esta ciudad del demonio lo mas corta posible me pongo a averiguar en las numerosas agencias de viajes apretujadas en la misma cuadra por un pasaje de bus hasta Phuket, ciudad principal del sur de Tailandia a casi 850km de Bangkok. Consigo precios que varían entre los 850 y 450 baht (para el mismo colectivo). No dejarse estafar es la principal actividad turística en el sudeste asiático.

Finalmente compro un pasaje por 400 baht y me siento a esperar sentado en la mesa de un bar cuyo cartel proclama: "GOLF BAR COCTELES MUY FUERTES NO PEDIMOS DOCUMENTO Y RESTAURANT"



Llega finalmente la hora y subo al colectivo que me llevará hasta la ciudad de Phuket, descubro con asombro que los asientos son amplios, cómodos y con mucho espacio para gente alta como yo. Aire acondicionado y frazada de cortesía completan el combo para un viaje placentero.  Elijo mi lugar y me preparo para el trayecto de 11 horas. Suena demasiado bueno para ser verdad, ¿no?

Uno esta acostumbrado a subir a un colectivo de larga distancia y bajarse una vez en el destino. Un simple trayecto del punto A al punto B. Pero en Asia no es así, no señor. En Asia entre el punto A y el punto B hay infinitos otros puntos y paradas sorpresivas de las que uno no se entera hasta que el colectivo frena y el chofer te dice "bajáte". Hace cinco minutos dormía plácidamente con mi frazada, ahora estoy sentado a medianoche en una choza en medio de la jungla y el colectivo se fue sin dar explicaciones. Una hora después, cuando ya estaba a punto de empezar a construir un refugio con ramas para pasar la noche una camioneta aparece y el conductor, sin mediar palabras me indica que me suba. Sin nada que perder me subo, un rato después me hacen bajarme de nuevo y así toda la noche.

Varias paradas, vehículos y ninguna explicación mas tarde llego por fin a la ciudad de Phuket, o, mas bien, a las afueras. Muy vivos los muchachos ofrecen un pasaje de 800km por 400 bahts hasta las afueras de la ciudad y luego un servicio de taxi al hotel por 200. Esto claro, nunca te lo comentan a la hora de venderte el pasaje. Con mi orgullo en juego y nada mejor que hacer decido recorrer los últimos kilómetros a pie por el costado de la ruta.
Finalmente, 10 horas después de lo previsto y a bordo de la moto de un motociclista ruso que me acepto traerme a cambio de que le sostenga el Ipad con el mapa llego a mi hostel en donde pasare los siguientes días  adaptándome a las reglas del juego que, evidentemente, han cambiado. 

Esto es Asia.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Serendipia

Llego la hora de dejar atrás a Nueva Zelanda, hermosas historias y personas únicas quedan detrás en este país que hoy abandonamos con la sensación de objetivos cumplidos y satisfacción plena.

Acompañado como siempre por el pibe Mati y nuestro amigo Manu decidimos dar un pequeño salto hasta Sydney, la brillante metrópoli  de la hermana mayor de Nueva Zelanda, Australia.
La decisión se origina en la necesidad de recargar combustible para seguir viajando. Por motivos de fuerza mayor no puedo entrar en mucho detalle al respecto, pero ustedes entenderán.

Por lo tanto llegamos a Australia con expectativas no muy altas y resignados a pasar unos meses muleando en espera de tiempos mejores. Déjenme decirles algo: no podíamos estar mas equivocados, hermosas sorpresas nos aguardaban.


Luego de aterrizar en el Aeropuerto internacional de Sydney sufrimos la violación económica representada por los 17 dólares que sale el tren hasta el centro de la ciudad, primer indicio de algo que ya sabíamos: esta es una de las ciudades mas caras del mundo. El tren nos deja en Circular Quay, el nombre quizás no les diga nada pero aquí es donde sydney muestra su verdadera belleza.
Trenes, colectivos y un mar de peatones (80% chinos vale aclarar) convergen aquí donde la ciudad abraza el mar con sus dos mas imponentes monumentos: el puente y la famosa Opera de Sydney.


Iconos turísticos como la Torre Eiffel, la muralla china o la torre de Pisa suelen decepcionar a mas de uno cuando las visita en persona. Pero no es el caso de la la Opera de Sydney, desde el primer momento disfruto de su vista como la obra de arte que es, creo que todos estuvimos de acuerdo en esto. La Opera de Sydney es prueba irrefutable de que con un poco de buen gusto los humanos podemos embellecer un paisaje natural en lugar de arruinarlo. Si tuviera un sombrero me lo sacaría en señal de admiración.

Ademas del puente y el teatro aquí se encuentra nuestro siguiente objetivo, la terminal de Ferrys. Desde esta terminal de forma constante parten embarcaciones hacia barrios mas alejados de la enorme ciudad. Nuestro destino:  Manly beach.
¿Que es Manly beach? Manly beach es el mejor lugar del mundo. Aunque esto, claro, todavía no lo sabíamos.

Apartado del frenético centro de la ciudad se encuentra este hermoso barrio que se destaca por su kilométrica playa dorada salpicada de canchas de volley y rubias tomando sol. Frente a la playa se encuentra el hermoso mar turquesa donde miles de personas practican el deporte nacional de Australia: el surf.

Pero eso no es todo, Manly acompaña la playa con una interminable costanera que corredores, ciclistas y skaters utilizan a diario manteniendo el saludable estilo de vida que caracteriza al lugar.
Una pintoresca peatonal conocida como "The Corso" cuenta con toda clase de bares, restaurants, casas de ropa y  una atmósfera llena de vida, con niños jugando, adultos paseando y músicos callejeros ganándose la vida alegrando la de todos los demás. 


Y aquí estábamos, recién descendidos del Ferry masticando una hamburguesa de McDonald's y disfrutando bajo el sol de la creciente sensación de que nos habíamos topado con algo realmente bueno. Pero primero lo primero, hay que conseguir alojamiento. 

La recomendación de un amigo nos lleva hasta el hostel "Boardriders" que se destaca por ser el mas grande y mejor ubicado hostel de Manly. Con balcón a The Corso y a 50 metros del mar realmente no podemos pedir mas. Con un precio por semana de  200 dolares nos veremos obligados a buscar un departamento mas barato, pero decidimos quedarnos ahí un par de semanas hasta que nos acomodemos.

Déjenme arruinarles el final: al igual que sucedió meses atrás en Paradiso, nos enamoramos del Hostel y nunca nos fuimos. El mantenimiento del lugar era casi inexistente, la higiene dejaba mucho que desear, conseguir cubiertos para comer y elementos de cocina era una odisea y el wifi andaba dos o tres días al mes. 

Y porque nos gustó este lugar se preguntaran... la respuesta es: la gente.


 




Dormir en un hostel un par de días es una cosa, muchas veces no recordaremos mas que una cama incomoda y un baño compartido. Pero cuando uno se queda un largo tiempo pasa a formar parte de una familia conformada por gente de todo el mundo que, como uno, han decidido quedarse. 
Mati y yo nos hacemos nuestro lugarcito en esta comunidad compuesta por viajeros eternos, amigos de fierro, personajes únicos y freaks salidos de los mas misteriosos rincones del universo. Esta gente llenará nuestro día a día de momentos que tiran por la borda cualquier rutina, a las noches interminables bailando sobre las mesas le siguen días de sol y arena en las hermosas playas de Manly.







Días de playa, música, cientos de amigos, noches sin dormir y fiestas (hasta nos dimos el lujo de hacer una fiesta en un barco).
Si intentase ponerme a describir la cantidad de cosas que pasaron durante estos cinco meses en Sydney esta entrada seria eterna, quienes hayan vivido experiencias similares sabrán de que les hablo. Los que no, invitenme un fernet y les cuento se los juro.





Ya conscientes de que nuestra estadía en este lugar se iba a prolongar indefinidamente decidimos ahorrarnos el alquiler semanal trabajando para el Hostel a cambio del hospedaje encargándonos de reparar, repintar y redecorar las instalaciones semi-abandonadas de "Boardriders".
Con la combinación perfecta de los conocimientos prácticos de Mati y mi habilidad para alcanzarle las herramientas  y hacer café pusimos nuestra impronta personal en esta comunidad que ya sentíamos propia. La instalación de un mapamundi gigante en la sala de estar fue sin duda nuestro momento de gloria.





Acercándose el final de esta etapa, que marcará también nuestra despedida después de casi dos años, Mati y yo decidimos darnos un gustito. La idea central de este viaje siempre fue aprovechar las oportunidades y una oportunidad única se nos presenta de repente. La legendaria banda AC/DC, hará un show en el Olympic park de Sydney, su casa, y ahí estaremos para darle un broche de oro a esta fantástica estadía en Australia.




El recital es impresionante, esta es una de las mejores bandas de la historia y verlos tocar en vivo es un privilegio que somos muy afortunados de disfrutar. Luces, fuegos artificiales y mucho mucho Rock nos tienen saltando y gritando durante horas a pesar de la amargura del público australiano. 
Extasiado cierro los ojos y abro los brazos entregándome al impacto de las salvas de cañones mezcladas con los últimos acordes de "For those about to rock". Agradezco cada pequeña y gran decisión tomada estos últimos dos años me han traído hasta aquí, cerca del final de este viaje me encuentro en uno de sus puntos mas altos. AC/DC dio hoy una misa de Rock and Roll, y Mati y yo fuimos bendecidos.


Aquí un video del mismo tema, en el recital del estadio River Plate de 2011, si tienen alma veanlo:



Y nuevamente llega la hora de las despedidas, mi tiempo en Australia llega a su fin y estoy listo para encarar la ultima etapa, me despido del Hostel, de mis amigos internacionales, de mis amigos Argentinos, de The Corso, de Manly y me despido de esta etapa inolvidable en este país maravilloso al que espero poder volver en el futuro,
Australia, y todo lo aquí acontecido fue sin dudas lo que un sabio amigo mio denomina "Serendipia"

"Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta."

Con todo mi equipaje y hambre de aventuras me subo un avión de Air Asia con destino a las misteriosas y mágicas tierras de Tailandia.