sábado, 31 de octubre de 2015

Aotearoa

Con la llegada del invierno el volumen de trabajo de pintura baja considerablemente, y después de un par de semanas a media maquina mi jefe Stu ya no puede garantizarme una cantidad suficiente de horas para tener un buen sueldo al final de la semana (en Nueva Zelanda generalmente se paga por hora al final de cada semana),

Estamos en la segunda mitad de Mayo y me queda todavía un mes de visa lo que me presenta con el problema de que hacer para no perder plata y en lo posible seguir ahorrando hasta el día que me vaya.
Por suerte estoy en el lugar correcto, la temporada de kiwis aun continúa y mis compañeros de casa enseguida me consiguen un lugar con ellos.


El año pasado trabaje tres meses con la Packhouse "Trevelyans" esta vez seran unas pocas semanas en el turno noche de "Transpack", una packhouse bastante mas pedorra pero que me recibió con brazos abiertos. Ya con experiencia tire un par de magias el primer día y me mandaron a hacer lo mismo que hacia el año pasado. No es un trabajo pesado pero si monótono, ademas ya no lo hago rodeado de mis amigos sino que estoy solo con un par de maories de 16 años que solo parecen interesados en hablar de mujeres y de distintas formas de fumar marihuana, dos cosas de las que se poco y nada.

Las noches se hacen de goma viendo la fruta pasar, aplico la filosofía de "me pagan el mínimo, trabajo el mínimo" y en ningún momento pretendo correr contra la maquina cuyo ruido mezclado con la cumbiancha que pone nuestro amigo Maik por los altoparlantes musicalizan este caos. 
En mi segunda temporada y a tres semanas de irme estoy mas allá del bien y del mal.



Y finalmente llega, ultima noche de kiwis en Transpack que sera también mi ultimo día de trabajo en Nueva Zelanda, la gente trabaja con una sonrisa, se hacen chistes y se preparan para el inminente final.
Cerca de las cinco de la mañana el altoparlante anuncia "Last Bin" (ultimo cajón), se divisa el final. La cinta de la máquina trae los últimos kiwis que van cayendo dentro de las ultimas cajas. Cae el ultimo kiwi, la maquina sigue girando unos segundos mas de manera infructífera y finalmente se detiene y nos deja con un silencio inesperado. Aplaudo pero nadie me sigue.

Se terminó.



Los días que siguen son extraños,  pasamos de la intensa rutina de trabajar 10 horas por noche a organizar nuestra partida del país en el que vivimos hace mas de un año. 
Una ocasión como esta esta plagada de los peores momentos de los viajes: las despedidas. A esta altura ya tuve decenas de despedidas de gente especial y querida, a algunos los volveré a ver, a otros sera para siempre. 
Al primero que despedimos es a nuestro fiel compañero "El Michael": nuestro Toyota Corona que hace un año que nos lleva a donde necesitemos sea alguno de los paraísos escondidos neocelandeces o al supermercado. Ahora, es momento de que haga feliz a otros viajeros, Adiós Michael!


.Ya sin auto y a punto de abandonar el país, es hora de deshacerme de todas las porquerías que fui acumulando, y, después de algunas horas de decisiones difíciles y establecer prioridades logro meter todas mis pertenencias en dos mochilitas.



Devuelta la casa, 15 homeless se despiden con un asado frente al mar. Un lujo haber formado parte de este grupito que hoy llega a su final. A algunos volveré a verlos pero nunca volveremos a estar todos juntos. A todos les deseo lo mejor.


Para Mati y para mi es hora de partir, pasamos la noche en la sede de la comunidad religiosa "The Wharf" que siempre brinda ayuda a mochileros y de quienes me he hecho muy amigo este otoño y al día siguiente partimos una ultima vez para la ciudad de Auckland. Esta vez vamos en bondi.

Para nuestra ultima tarde noche en Nueva Zelanda tenemos un plan especial que nos venimos guardando desde el primer día. Vamos a subir la imponente "Sky Tower" de Auckland. El edificio mas alto del país que ofrece una vista única de la metrópoli.

A través del piso de vidrio y las ventanas vemos nuestro ultimo atardecer en Nueva Zelanda, el sol se vuelve color naranja y alcanza su belleza máxima antes de esconderse en el horizonte. Las sombras de esta ultima noche cubren lentamente las calles de la ciudad que rápidamente reaccionan encendiendo su espectáculo de luz, los cientos de miles de automovilistas encienden las luces de sus autos y ponen al descubierto las arterias del corazón latente de esta joven y floreciente tierra.
Valió la pena guardarnos esta experiencia hasta ultimo momento, nos abrazamos satisfechos.

No hay fotos porque las perdí.

Cumplido nuestro ultimo objetivo nos entregamos al DJ de un bolichin y desplegamos todos nuestros pasitos en una pista con poca gente pero mucho corazon. Un taxi nos lleva hasta el aeropuerto, donde pasaremos nuestra ultima noche acurrucados entre nuestros bolsos.

Siento la necesidad de dedicarle un parrafito a Nueva Zelanda. Cuando un proceso tan importante se termina todo el mundo espera que uno haga un balance. Cuando pienso en mi experiencia en Nueva Zelanda siento una alegría tan pura, una satisfacción tan grande y un cariño que durara toda la vida que me es difícil expresarlo en palabras. Con mis 20 años recién cumplidos me subí a un avión por primera vez, abandonando también por vez primera a mi Argentina natal.
Dieciséis horas después aterrizaba en tierras kiwis. Solo y con nada mas que 1300 dólares en el bolsillo de alguna manera tendría que sobrevivir un año. Tanto esos dolares como la soledad me duraron poco y nada, en el mismo aeropuerto me hice mi primer puñado de amigos, que me acompañaron durante los confusos primeros momentos y uno de ellos (mi querido Mati) sigue aquí conmigo 20 meses después.
Los días se hicieron semanas y las semanas se hicieron meses y hoy es momento de graduarme de esta escuela de vida que fue Nueva Zelanda para mi. Solo tengo agradecimientos para este país que me recibió con los brazos abiertos, me presento el contexto para experiencias inolvidables. En tierras kiwis compre mi primer auto (y mi segundo), alquile mas de cinco casas, tuve mas de 15 trabajos completamente distintos y me hice mas amigos que Roberto Carlos. Todo esto inmerso en los paisajes mas fabulosos que un humilde porteño puede imaginarse.

Nuestro vuelo de LAN con destino a Sydney despega y dejo atrás los 15 meses mas increíbles de mi vida. Adiós y gracias!

 







lunes, 12 de octubre de 2015

¿Donde esconder tantas camas?

Parece mentira pero llega Marzo y alcanzo el mes número 12 de mi viaje en Nueva Zelanda.

Según el plan original en este momento debería estar en un avión volviendo a casa, pero lo único que me gusta mas que hacer planes es cambiarlos sobre la marcha. Asi que extiendo mi VISA lo máximo posible y me preparo para los últimos tres meses en este hermoso país.
Como todos los marzos se produce una migración masiva de viajeros que convergen en la provincia de "Bay of Plenty" para trabajar en la temporada de cosecha y empaque del Kiwi. Durante tres meses miles de personas de todo el mundo (mayormente latinos y maories) trabajaran duras e interminables horas intentando exprimir la mayor cantidad posible de dolares de la maldita fruta peluda.
En esta migración masiva llegan también los muchisimos amigos que hicimos a lo largo de este año, y, como el montonero Luther King, nosotros tenemos un sueño. 

Soñamos con una casa enorme con las puertas siempre abiertas,  donde amigos y amigos de amigos puedan tener una cama, un techo, un vaso de vino y alguien con quien compartirlo.

Todo empezó como un sueño, una idea loca con pocas posibilidades de convertirse en realidad, pero luego de mucha búsqueda encontramos una hermosa casa de dos pisos frente al mar. Intercambiamos algunos mails con la dueña de procedencia asiática ("La China" de ahora en mas) y esta nos informa que la casa es para ocho personas y el alquiler es bastante caro, además de tener que pagar un deposito de seguridad en caso de haber daños a la propiedad.  Después de negociaciones férreas finalmente acordamos un precio mas accesible y un máximo de 10 personas. 

El primer martes de abril nos mudamos a nuestro nuevo hogar, el 918b de Papamoa beach road.




Horas después de que La China nos entregara las llaves el numero de habitantes de la casa se eleva de 10 a 15, la semana siguiente ya somos 18. Nuestros amigos van llegando de a poco y cuantos mas seamos, menos pagamos de alquiler. 
Pero todo tiene un costo, cada nuevo habitante necesita espacio en la heladera, un lugar donde poner sus cosas y, sobre todo, un lugar donde dormir. La casa es grande y el corazón mucho mas, así que ponemos nuestro ingenio a prueba y cada pequeño lugar de la casa se convierte en habitación.
Los autos están prohibidos en el garaje que ahora hace las veces de campamento permanente y un pequeño depósito debajo de la escalera se tranforma en cuartito al estilo Harry Potter.



Quien les habla transformo el vestidor de la habitación principal en hogar. "El Closet"



A medida que pasan las semanas el numero de habitantes fluctúa entre los 17 y los 22, con un pico máximo de 24 en una semana para el recuerdo. Todo el mundo trabaja en las packhouse de kiwis, algunos de noche y algunos de día, lo que transforma la rutina de la casa en un caos impredecible. Ver gente haciendo un asado mientras otros desayunan para ir a trabajar era cosa de todos los días. Aprovechando los turnos diferentes logramos establecer un sistema de "camas calientes" mediante el cual dos personas pueden compartir la misma cama, usándola a distintos horarios. Lo que sea con tal de ratonear unos dolares del alquiler. 

Como es de esperarse semejante combinación produjo momentos inolvidables,  cenas multitudinarias, rondas de mate interminables, fiestas fuera de control y hasta un show de magia en vivo a cargo de "El mago", un amigo de un amigo de un amigo que resulto ser mago profesional, y vivió con nosotros por unos días.







Llega junio y marca el final de la temporada de kiwis. Al igual que el año pasado, lluvia, frío, viento y desempleo echan a todos los cazadores de fortunas que llegaron hace solo tres meses. En un plazo de dos semanas todos van partiendo en busca de pastos mas verdes, muchos de ellos con los bolsillos un poco mas llenos. El éxodo marca también el fin de nuestra pequeña mansión superpoblada.

Es hora de devolvérsela a la China que vendrá primero a chequear en que condiciones la dejamos.
Con esperanza de recuperar aunque sea una parte del deposito (mas de dos mil dolares) organizamos grupos masivos de limpieza que en dos días tendrán que esconder la evidencia de las hordas de amigos, los huracanes de momentos que por aquí han pasado y desaparecer cualquier indicio de que aquí han vivido mas de 10 personas.

Son días de limpieza intensa, las bolsas de basura se acumulan y se van levantando las camas improvisadas. Aquí no ha  pasado nada.



Llega el día de la inspección y 10 elegidos se quedan a recibir a la China mientras el resto seguimos el minuto a minuto a través de whatsapp. Luego de eternos minutos de tensión nos llega la noticia que todos esperábamos: nos devolvieron el deposito completo.

La China entendió que la casa estaba en buen estado y, aunque normalmente retienen un poco del dinero para limpieza de alfombra y demases, decidió no retener nada solidarizandose con este grupo de mochileros muertos de hambre. Un fuerte aplauso para la china que incluso comento al pasar "debe haber sido difícil convivir con 10 personas..". Espero que no lea este blog.

Muchas gracias por leer y estense atentos que pronto se viene la entrada numero 51, última en tierras Neocelandezas.

Un abrazo grande y los dejo con unas fotos de yapa:

 







domingo, 13 de septiembre de 2015

El oficio viajero

La economía de nuestro pequeño grupito esta en ruinas, Caro gasta sus últimos dos mil dolares en una pasaje de ida y vuelta a Uruguay para estar presente en el primer cumpleaños de su sobrina. Yo me gasto mis últimos 20 dolares en unos lentes de sol muy copados y enseguida me doy cuenta de que ninguno de los dos tenemos para pagar el primer alquiler de nuestra nueva casa.
 Por suerte llega mi amigo Sebas desde Auckland y se viste de FMI prestándonos un par de cientos para salir del paso. Pero no podemos vivir de Seba para siempre así que enseguida los tres nos ponemos a buscar trabajo.

Caro, con vasta experiencia detrás de las barras consigue trabajo en un restaurant enseguida, Seba y yo pasamos días y días sin encontrar nada, cuando finalmente conseguimos un trabajo removiendo asbestos se cancela a ultimo momento por un accidente en la obra. Parece que la suerte no esta de nuestro lado. Falta todavía un mes para que la siempre lucrativa temporada de kiwis empiece y la lógica diría que debíamos estar preocupados pero la verdad es que no, la plata va y viene eso lo aprendimos hace mucho.



Un día decido entrar por décima vez al sitio web "trademe.co.nz" (una especie de Mercadolibre de Nueva Zelanda) y encuentro un anuncio de una empresa  de pintura llamada "Trad to Rad" buscando pintores "preferentemente con experiencia". Agarrándome fuerte de ese "preferentemente"  le envió un mensaje a través de la página, un e-mail y un mensaje de texto. Sin tiempo para esperar una respuesta decido llamar... cuatro veces. Finalmente "Stu" el dueño de la compañía atiende el teléfono  y rápidamente le comunico que Seba y yo (con poca y ninguna experiencia respectivamente pero con muchas ganas) estamos interesados en trabajar con el. Concertamos una entrevista para el día siguiente.

La entrevista es un trámite, Seba y yo mostramos mucha voluntad para aprender y trabajar, derrochamos simpatía y elegancia. Juego bonito. Ganamos, gustamos y goleamos. El lunes siguiente estamos listos para arrancar con nuestros nuevos uniformes de pintores.



La empresa consiste únicamente en Stu y su esposa Carey que generalmente trabajan solos, pero la obra que empieza hoy (restauración y pintura completa del exterior de una casa muy grande) los obliga a recurrir a la ayuda de estos dos impresentables. Ambos resultan ser muy simpáticos y enseguida nos asignan una tarea fácil como para arrancar.


Muchos me han dicho "pintar es fácil" (frase siempre acompañada de un movimiento de pincelada con la mano), pero, si bien no es super complicado, tiene miles de trucos y secretos que ahorran mucho tiempo y producen un mejor resultado final y por eso mismo muchos pintores a la hora de contratar ignoran a cualquiera que no tenga experiencia.
Stu y Carey nos hacen el mejor regalo que un empleador te puede hacer: capacitación.
Durante semanas, poco a poco, nos van enseñando lo mas importante del oficio. Se sientan con nosotros, nos explican, nos corrigen y después nos dejan solos para que trabajemos tranquilos y a nuestro ritmo.
Los días de 8 horas se hacen muy amenos: nos dejan poner nuestra propia música (a Stu le gustó mucho Gustavo cerati y Elvis Crespo) y  nosotros los divertimos con nuestras historias de viaje.




Después de varias semanas terminamos con la casa, Seba nos abandona para trabajar en la recién comenzada temporada de kiwis 2015 pero a mi ya me han adoptado como al hijo que nunca tuvieron y me llevan directamente al próximo trabajo, y a otro, y a otro. Incluso durante una semana me llevan con ellos a trabajar a la ciudad de Auckland pagándome comida y alojamiento en un mas que bonito hotel (extraño lujo para un mochilero pobre como el autor de este maravilloso blog)



El invierno trae consigo el frío y la lluvia que marcan la temporada baja del negocio de la pintura en Nueva Zelanda y eventualmente la empresa se queda sin trabajo y Stu y Carey se toman unas merecidas vacaciones.

Video imperdible:



No tengo mas que agradecimientos para ambos, no solo me dieron un trabajo cuando tenia los bolsillos vacíos sino que se tomaron la molestia de transmitirme conocimientos y habilidades que se vendrán conmigo adonde quiera que vaya. Me enseñaron un oficio que me permitirá conseguir muchos trabajos en el futuro.  Para quien viaja como yo viajo, trabajando sobre la marcha, un oficio es invaluable.

En Nueva Zelanda, Australia, Europa o donde sea llevare conmigo mi oficio viajero.

lunes, 10 de agosto de 2015

El nido vacío

El mes de enero termina y marca el fin de nuestra pequeña gran familia en nuestra casita de Gisborne.
La temporada de maíz acaba y ya sin trabajo poco nos ata a esta ciudad.
Llega un momento clave en el viaje de todos. después de pasar meses juntos, es hora de separarnos.
Emily, Emily y Maggie emprenden un viaje alrededor de Nueva Zelanda. Mati hará un breve paso por su Córdoba natal y después recorrerá tierras norteamericanas. Gaston da su viaje por terminado y vuelve a Uruguay y Marcos, a dias de quedarse sin visa, decide ir a probar suerte a la hermana mayor de Nueva Zelanda: Australia. Cristhian ira con el.

Encendemos los motores de nuestro Toyota y recorremos 500 kilómetros hasta el aeropuerto de Auckland donde Mati, Marcos y Cristhian tomaran sus vuelos. Me he despedido de Cristhian y Marcos mas de una vez, pero es la primera vez con Mati, que me acompaña desde la hora 0 en este mismo aeropuerto hace 11 meses. A los tres voy a extrañar, a los tres los volveré a ver.

La única que ha quedado sin rumbo igual que yo es Caro, una gran amiga Uruguaya que conocimos en Nelson. Después de manejar 500km otra vez de regreso nos encontramos de vuelta en nuestra casa de Gisborne. La tele apagada, cuartos cerrados y oscuros y la mesa sin cena y en silencio. La casa esta vacía y nosotros estamos solos.

Pero no hay tiempo para nostalgia ya que planeamos abandonar la ciudad el miércoles. Tenemos tres días para entregar la casa a su dueño en perfectas condiciones a la vez que hacemos los tramites para extender nuestras visas y nos preparamos para seguir nuestro viaje.
¿Alguna vez tuvieron que limpiar una casa donde vivieron 10 personas? no se lo deseo a nadie. La sorprendente cantidad de porquerías que acumulamos en tan solo un mes tenia que ser distribuida entre caridad y el basurero, ya que caro y yo solo podíamos llevarnos una pequeña parte. Por suerte y gracias un plan detallado que escribimos en un papel pudimos terminar todo a tiempo. Y hasta pasándola bien.



Finalmente nos subimos al auto y nos despedimos de Gisborne. Pero, ¿ahora adonde vamos?
A ambos nos queda 1 mes de visa (o cuatro, si nos aprueban una extensión) y ambos hemos estado por todos lados. Finalmente decidimos volver a las raíces y buscar un cierre apropiado al viaje donde todo comenzó: la bonita ciudad de Mount Maunganui.


Once meses atrás llegaba a esta ciudad con Mati Cristhian y Guille y, luego de un par de inconvenientes, pasamos nuestros primeros días como homeless.
Hoy, un miércoles de febrero, vuelvo por mas con mi oriental favorita, Carolina.
Sin trabajo ni casa nuestra vida gira en torno a nuestro auto que ya no solo es transporte sino que ahora también es patria y hogar. La búsqueda de alojamiento, es igual o mas difícil que el año pasado y depositamos nuestras esperanzas en Facebook, donde publicamos un pedido de socorro.
Pasan las horas y ante la falta de respuestas decidimos embriagarnos y dormir en el auto escondidos de la policía (dormir en el auto esta penado con multas de mas de 200 dolares), así que ponemos otro mensaje en Facebook a ver quien quiere tomar con nosotros.

Enseguida recibimos una invitación de Maru una chica uruguaya que vive en una casa enorme llena de viajeros de todas partes del mundo conocida como "la casa de JP" en honor al chileno que la gerentea. Después de pasar una linda noche con ellos dormimos hasta pasadas las 10 en nuestro auto mal escondidos atrás de unos galpones del aeropuerto. Dos días mas tarde nos mudamos a la casa de JP y nuestros días de homeless llegan a su fin.

De a poquito nos integramos a la interesante vida de la casa donde conviven europeos y sudamericanos y donde viviremos momentos dignos de recordar. Me llevo por suerte de aquí varios amigos y a muchos, con suerte, los volveré a ver.

Van unas fotos!





Ya con un techo sobre nuestras cabezas es hora de buscar trabajo, caro consigue rápidamente un puesto en la cocina de un restaurante. A mi me espera la experiencia laboral mas importante de todo el viaje, pero eso es historia para otro día.

Un abrazo grande!

sábado, 20 de junio de 2015

Gisborne

Una tarde soleada de diciembre en Nelson, nos escapamos un rato del hostel Paradiso para ir a tomar unos mates a un parque cercano. Ya íbamos por el tercer termo cuando salio el tema de que hacer después de fin de año. Ninguno de nosotros tenia un plan y el comienzo del 2015 nos deparaba un destino incierto. Hasta que nuestro amigo Hernán (la persona que mas sabe de Nueva Zelanda en el mundo) empieza a hablar de una ciudad misteriosa donde no mucho sucede pero donde no faltan las playas y el trabajo. Nos habla de la posibilidad de un trabajo muy relajado en los campos de Maíz ocultos entre las montañas bajo la supervisión de Maories, el pueblo originario de Nueva Zelanda.
Compramos.

Esa ciudad es Gisborne, y aquí estamos. El primer amanecer del año nos ilumina y mientras la gran mayoría de los asistentes al Festival Rhythm and Vines abandona la ciudad que vuelve a su tranquilidad habitual nosotros nos mudamos a una linda casita en el 74 de McDonals Street que los chicos consiguieron de un cartel en el supermercado.



Componen la alineación de la casa mis amigos Mati, Marcos y Cristhian, Caro y Gasti representando al Uruguay y nuestras tres amigas Emily, Emily y Maggie representando a los Estados Unidos. Mas adelante se sumaria Ana, argentina que hace años vive en Ibiza.

Gracias a un contacto que nos paso Hernán a los dos días empezamos a trabajar para "Corson", una empresa que se dedica a hacer reproducción selectiva de plantas de Maíz, y exporta las semillas a Europa y Estados Unidos. Nuestro trabajo se llama "De-Tesseling" y consiste en caminar entre las lineas de plantas hembra y arrancarle la flor que tienen en la punta para evitar que se reproduzcan entre si (son medio lesbianas).


Todos los días a las siete de la mañana nos encontramos en la puerta de la "Makaraka School" con Dion (nuestro supervisor, un Maorí enorme con cara de malo y humor infantil) al cual todos siguen con sus autos en caravana hasta los campos de maíz, muchos de estos escondidos entre montañas escondidas y valles dorados. Una vez llegados, durante unas ocho horas, mis amigos y yo caminamos bajo el ardiente sol de Enero arrancándole las flores a las pobres plantas lesbianas.



Admito que suena como un trabajo duro y quizás poco deseable, pero la realidad es que el De-Tesseling fue uno de los mejores (quizás el mejor) de los trabajos que tuve en Nueva Zelanda.
¿Por qué? Las flores se arrancan mooooi fácil (casi sin esfuerzo) y después viene el checking (básicamente caminar varias veces por el mismo campo chequeando que no te hayas olvidado ninguna).
Después de no mas de dos horas de trabajo, cuando a nuestros jefes se les ocurre todos volvemos a nuestros autos, y tomamos largos descansos bajo la sombra de cuanto arbolito encontremos. La duración de estos descansos (que en cualquier otro trabajo duran exactamente 15 minutos) depende pura y exclusivamente de las ganas de trabajar que tenga la patronal. Ganas que suelen decaer a lo largo del día y a lo largo de la semana. Hemos disfrutado aveces de siestas de mas de una hora y almuerzos de mas de dos acariciados por la brisa bajo la sombra de un árbol.




Situaciones insólitas se han dado cuando los jefes de nuestros jefes aparecían y para que no salte la ficha de que estábamos estirando el trabajo cuando había poco nos han llegado a pedir que nos escondamos entre las plantas o incluso que caminemos en reversa cuando no miraban para asegurarnos de no terminar nunca.
La poca seriedad del trabajo y el placer de trabajar al aire libre con amigos han convertido mi primer trabajo en el campo en una experiencia mas que llevadera. 
El único punto negativo, el asedio del sol de verano, lo combatimos utilizando la técnica de "El Ninja" cubriendo cara y cuello con una remera cualquiera.




Mas allá del trabajo poco sucede en Gisborne, la mayoría de los días nos dedicamos simplemente a disfrutar de los días largos de verano en la puerta de nuestra casa, o viendo una película, o admirando en la playa alguno de los espectaculares atardeceres Gisborneanos.
Quiero transmitir lo que sentía en Gisborne pero me es difícil de explicar, una sensación de liviandad y juventud compartida con todos los miembros de nuestra casa multicultural. Quizás sea el privilegio de tener a todos mis amigos mas cercanos viviendo y trabajando conmigo. Quizás simplemente sea un engaño de las noches de verano.
Pero nunca olvidaré una noche en la que entre copas nos preparábamos para salir, todos bañaditos y perfumados, riéndonos de nada un poco en español y un poco en ingles. Recuerdo haber captado en ese momento, 10 viajeros llenos de vida, de juventud y de risas que por un tiempo coincidieron en tiempo y lugar.
Nunca olvidaré a Gisborne, sus noches de verano, sus días de maiz, y sus atardeceres de cielos en llamas.