
Pero esa sensación poco dura, todo lo hasta ahora superado y el insaciable apetito por conocer me quitan cualquier miedo que tuviese y me dan el empujoncito que no necesitaba para subirme a ese pedorro avión de Air Asia.
Durante el largo vuelo tengo tiempo para realizar toda clase de actividades como intentar imaginarme al ingeniero que revisó el espacio entre asiento y asiento y dijo "sep, ta perfecto, denle nomás". Nunca tendré el privilegio de conocer a este señor pero imagino que debe medir menos de un metro cuarenta y ser muy turro. El autor de este blog, un pibe de casi 1.85m la pasa bomba intentando toda clase de posiciones para intentar viajar cómodo, sin éxito alguno por supuesto.
Aterrizo en el aeropuerto Don Mueang de la ciudad de Bangkok. El 11 de noviembre de 2015 a las 8 y media de la noche piso por primera vez suelo asiático.
Primera cosa que me llama la atención: hace mucho (MUCHO) calor, el hecho de ser invierno y de noche poco parecen importar.
Hago migraciones y enseguida sale a la luz otra de las particularidades de Tailandia: casi nadie habla inglés. El hecho de que me cueste tanto comunicarme en el aeropuerto internacional me anticipa que la comunicación con los locales va a ser un problema durante todo el viaje.
Después de dar un par de vueltas y hacer un par de colas innecesarias consigo finalmente un taxi que por 200 bahts (la moneda local) me lleva hasta el departamento de Janista, una chica tailandesa que conocí en Sydney y que accedió a guardar la mayor parte de mi equipaje mientras yo recorro su país con lo mínimo indispensable.
Dejo mi bolso con Janista y sus extrañas amigas chinitas y me dispongo a caminar hacia un hostel que queda a diez cuadras del departamento pero las chicas me lo prohíben y me obligan a tomar un taxi argumentando que Bangkok de noche es muy peligroso y como turista soy un blanco fácil.
Dado que son casi las 11 de la noche y la zona pinta bastante turbia acepto la sugerencia.
El taxista (un señor muy poco sociable) me indica que suba en el asiento trasero y minutos después me dice que llegamos a mi hostel. Intento explicarle que acá no hay nada pero no me entiende y tampoco le pone muchas ganas, le pago y me bajo del auto.
Después de dar vueltas en la noche por calles cada vez mas tenebrosas encuentro finalmente el hostel. Cerrado.
Toco 10 veces el timbre, golpeo la puerta, intento encontrar otra entrada. No hay caso, soy una vez mas un Homeless.
Veo figuras moverse entre los edificios, en las esquinas, el "gringo" parado solo con su mochila en el medio de la noche esta empezando a llamar la atención. Me pongo nervioso, inquieto. Por primera vez me siento vulnerable y fuera de lugar en la noche de una ciudad desconocida. Un tuk-tuk (moto transformada en taxi típico de asia) se transforma en mi vehículo de escape. El conductor no habla inglés pero se da cuenta de que estoy perdido y por suerte entiende una de las palabras mas internacionales del mundo "Hotel".
Minutos después me encuentro en la recepción de un hotel mucho mas cheto de lo previsto. Sin otra opción termino pagando cinco veces lo que tenia pensado pagar, pero como recompensa pasaré la noche en una bonita habitación con aire acondicionado, baño privado y todos los chiches. Un lujo para este viajero que ha sabido dormir tres meses en un closet.
¿Y que hace uno cuando se encuentra solo y aburrido en una habitación de hotel? Sacarse selfies, por supuesto.
Al día siguiente me las ingenio para encontrar un colectivo que me lleva hasta Khao San Road, la calle donde los turistas se reúnen a ser acosados por vendedores de todas las mercancías que uno pueda imaginarse. Desde bebidas y pasajes de bus hasta trajes a medida, animales y cirugías estéticas.
Pero sin duda el premio se lo lleva el "centro de documentación", que de forma totalmente abierta en un cartel ofrece toda clase de documentación falsa. Tarjetas de estudiante, carnets de conducir, diplomas falsos y hasta licencias de piloto de Lufthansa se encuentran disponibles para quien este interesado, solo lleve una foto y unos dólares y finalmente podrá obtener su diploma de Ingeniero, y, quien le dice, postularse para presidente. Las reglas aquí son, evidentemente, diferentes.
Con ganas de hacer mi estadía en esta ciudad del demonio lo mas corta posible me pongo a averiguar en las numerosas agencias de viajes apretujadas en la misma cuadra por un pasaje de bus hasta Phuket, ciudad principal del sur de Tailandia a casi 850km de Bangkok. Consigo precios que varían entre los 850 y 450 baht (para el mismo colectivo). No dejarse estafar es la principal actividad turística en el sudeste asiático.
Finalmente compro un pasaje por 400 baht y me siento a esperar sentado en la mesa de un bar cuyo cartel proclama: "GOLF BAR COCTELES MUY FUERTES NO PEDIMOS DOCUMENTO Y RESTAURANT"

Llega finalmente la hora y subo al colectivo que me llevará hasta la ciudad de Phuket, descubro con asombro que los asientos son amplios, cómodos y con mucho espacio para gente alta como yo. Aire acondicionado y frazada de cortesía completan el combo para un viaje placentero. Elijo mi lugar y me preparo para el trayecto de 11 horas. Suena demasiado bueno para ser verdad, ¿no?
Uno esta acostumbrado a subir a un colectivo de larga distancia y bajarse una vez en el destino. Un simple trayecto del punto A al punto B. Pero en Asia no es así, no señor. En Asia entre el punto A y el punto B hay infinitos otros puntos y paradas sorpresivas de las que uno no se entera hasta que el colectivo frena y el chofer te dice "bajáte". Hace cinco minutos dormía plácidamente con mi frazada, ahora estoy sentado a medianoche en una choza en medio de la jungla y el colectivo se fue sin dar explicaciones. Una hora después, cuando ya estaba a punto de empezar a construir un refugio con ramas para pasar la noche una camioneta aparece y el conductor, sin mediar palabras me indica que me suba. Sin nada que perder me subo, un rato después me hacen bajarme de nuevo y así toda la noche.
Varias paradas, vehículos y ninguna explicación mas tarde llego por fin a la ciudad de Phuket, o, mas bien, a las afueras. Muy vivos los muchachos ofrecen un pasaje de 800km por 400 bahts hasta las afueras de la ciudad y luego un servicio de taxi al hotel por 200. Esto claro, nunca te lo comentan a la hora de venderte el pasaje. Con mi orgullo en juego y nada mejor que hacer decido recorrer los últimos kilómetros a pie por el costado de la ruta.
Finalmente, 10 horas después de lo previsto y a bordo de la moto de un motociclista ruso que me acepto traerme a cambio de que le sostenga el Ipad con el mapa llego a mi hostel en donde pasare los siguientes días adaptándome a las reglas del juego que, evidentemente, han cambiado.
Esto es Asia.








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