lunes, 16 de febrero de 2015

Boxes

Nunca olvidare (o eso espero) esas tantas semanas que pasamos en el hostel Paradiso de la ciudad de Nelson. Ya con muchos kilómetros de ruta encima Mati, Cristhian y yo estábamos para tomarnos unas pequeñas vacaciones. La decisión de quedarnos una semanita a descansar aparecía inofensiva y mas que tentadora.

Nunca estuvimos tan equivocados. Paradiso ocultaba entre sus arboles y reposeras una maldición difícil de combatir, una telaraña invisible que no deja escapar a nadie y un día a día cargado de momentos que hace que uno pierda el sentido de hacia donde iba y porque, a cambio de irse a dormir todos las noches con una sonrisa y cien historias para recordar.

Entre la fauna diversa del hostel enseguida se empiezan a destacar algunas personas, tres chicas que arrancamos mirando babosamente al lado de la pileta pronto cobraron nombre e identidad, Emily, Emily y Maggie de Estados Unidos fueron, quizás, las primeras de muchos amigos que haríamos en este lugar.


En un choque cultural violento pero muy divertido nos damos cuenta del poder que hacer un asado, tomar vino con coca-cola y perrear un reggaeton tienen a la hora de diferenciarse del resto (en su mayoría alemanes). No con aires de superioridad sino con la intención mas amistosa y autentica, hubo cata de vino con coca para todos y clases de perreo para el interesado. El punto es que ya nos sentíamos como en casa.
Esto empezó, quizás, poniendo un poco de música latina para animar las previas a las salidas en la cocina, donde decenas de viajeros de los cinco continentes nos juntábamos a tomar alguna copa antes de arrancar la noche. La música fuerte fue el comienzo, después empezamos con las clases de perreo y pasos turros, una cosa llevo a la otra y cuando nos dimos cuenta teníamos una banda de cumbia.
Armados con un rallador de queso, una sartén y voces angelicales "La Cheese Grater" deleito a la cocina del hostel con las estrofas de Antonio Rios, Jambao, y hasta algun tema de los Beatles.
Por suerte los videos de estas noches no están en mi poder pero si tengo algunas fotos:



Durante el día nos dedicábamos a actividades quizás mas cristianas como tomar sol, dormir siestas y jugar partidos de Volleyball. En uno de estos partidos conocí a Nadia y a Ole, una pareja de alemanes que vinieron claramente mal de fabrica porque les gusta mucho juntarse a hacer quilombo con nosotros. Nos encariñamos mucho con ellos y los dejamos ir solo prometiéndoles que íbamos a ir a visitarlos a Alemania cuando andemos dando lastima por Europa.



Un día, sin avisar llego una Argentina que decía llamarse Camila y una chica uruguaya llamada Carolina. A Carolina la salude contándole mi teoría de que todos nos enamoramos acá en Nueva Zelanda y que yo me había enamorado de una uruguaya (que ella resultó conocer). Se rió con my teoría y me pareció muy simpática, pero nunca imagine que ella se iba a convertir en una de las mejores amigas que tuve y me iba a acompañar por varios de los meses que estaban por venir. 
De hecho esta durmiendo (Y roncando) acá al lado mio mientras escribo estas lineas en la unica habitacion habitada de una casa desierta y sin vida (pero eso es historia para otro dia).
Pocos días después llego Marcos, desde Christchurch. Ambos formaría la dupla que me haría morir de risa a niveles peligrosos.




Nuestra fecha de partida siguió aplazandose, sin animarnos a irnos (y tampoco queríamos irnos para ser sinceros) decidimos asumir que nos quedabamos y ponernos a buscar trabajo. Después de recorrer la ciudad cuadra por cuadra dejando nuestros Curriculums descubrimos el talón de Aquiles de la hermosa Nelson, el pequeño gran defecto de ese lugar hermoso. No hay trabajo.



Lejos de ponernos tristes por las vacaciones forzadas nos dedicamos a disfrutar cada día, haciendo amigos e intercambios culturales de lo mas enriquecedores.
Ojo por ojo las chicas disfrutaron el típico asado argentino y nosotros experimentamos por primera vez una cena del día de acción de gracias como en las películas (estaba riquisimo digo la verdad)

Aunque me voy a olvidar de muchos no me quiero olvidar de Cecile, una chica francesa que se gano mi corazón con su acento inconfundible y su impresionante capacidad para entender y reírse de mis chistes en ingles.


Después de casi dos meses habiendo trabajado menos de cinco días es hora de decir adiós. A un ritmo de mas de $35 dolares por día quedarnos mas tiempo seria un suicidio financiero.
Nos despedimos, por supuesto, a lo grande. Compramos un cordero entero y lo hacemos en una parrilla casera hecha de un carrito de supermercado cortado con amoladora en la cancha de Volley para celebrar la navidad (mi primera navidad lejos de casa).


Finalmente cargamos nuestras cosas en nuestros autos y partimos. Carolina, Gaston (otro pibe de Uruguay) y las tres chicas de Estados Unidos vienen con nosotros. A todos los demás los vamos a extrañar, a todos los demás espero volverlos a ver.


1 comentario:

  1. Luquita que hermoso sueño contaste me alegra mucho y me hace muy feliz, te sigo amando igual que siempre cuando ibamos a la plaza a ver las plomas y a jugar a la plota jajaja. Con todo mi amor, la Oli <3

    ResponderEliminar